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RETOS DESDE LA CRUZ

EFESIOS - LA  EPÍSTOLA DE LA IGLESIA Y LA CRUZ  (5)

La Oración magnífica centrada en Cristo

Efesios 1:18- 2:1

Dr. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Como la doxología de Efesio 1: 3-14 merecía los dos estudios, así también la oración que sigue requiere dos más. Esta oración magnífica emana del corazón de Dios a través de Pablo como la puerta abierta al conocimiento más íntimo con Dios.  Hay una connotación muy especial, no siempre vista en español. La palabra "conocimiento" en griego "epignosis" corresponde mucho más al verbo "conocer", casi siempre usado  con referencia directa a una relación muy personal, íntima y práctica con otra persona.

El mismo verbo en hebreo que corresponde al verbo en griego es: "Conoció Adán a su mujer" (Génesis 4:1). Al contrario el verbo sinónimo "saber" nos da  un dato de poca importancia en contraste con el verbo "conocer" que nos involucra en un estrecho amor el uno para con el otro.

Nuestra fe tiene una base sólida en la Palabra de Dios que apela tanto al intelecto y la voluntad   como al corazón. Pero la esencia de una verdadera unión con Cristo estriba en la regeneración  en la cual Dios nos imparte la vida eterna. El Espíritu Santo da vida a nuestro espíritu y tal unión constituye nuestra salvación. No es un asunto solo académico y doctrinal sino altamente espiritual y personal.

En esta oración Dios a través de Pablo nos autoriza recibir por parte de él un espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento ("epignosis") de él.  ¿Te das cuenta de  la herencia  que Dios te quiere dar?  Dios nos salva para que pudiéramos tener tal comunión él. Dios no acepta el legalismo, la formalidad de la religión ni lo teórico de una doctrina. Dios espera oír de tu corazón esta oración elevada deseando que el Espíritu Santo haga su obra y que tomemos por fe nuestra posición, muertos a la carne según la Palabra de la Cruz (Romanos 6:6).

En la oración tres pasos para arriba en su dimensión gloriosa   Efesio 1:17- 19

Pablo ahora dilata sobre la grandeza de este alcance nuestro. El Espíritu Santo  hace su obra de iluminación y avivamiento. "Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado" (vv.17, 18a). Este primer paso nos da un horizonte ilimitado hacia el glorioso futuro. En la doxología Pablo  ha hablado "de reunir todas las cosas en Cristo" (1: 10). La grandeza de aquel futuro nos da plena confianza en Dios y nos deja boquiabiertos.

El segundo paso para arriba avanza aun más: "y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos" (v.18b). Otra vez el Espíritu recurre a la doxología: "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosa según el designo de su voluntad, a fin de que seamos para la alabanza de su gloria" (1: 11,12). ¡No podemos  comprender como pudiéramos ser la misma herencia de Dios - pecadores llegando a ser la herencia de Dios! ¡El se adueña de nosotros! ¡No puede ser!

Pero en el tercer paso llegamos al colmo. Pablo no se puede expresar debidamente; el ágil griego le falla: "y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales"(vv. 19,20). En este tercer paso el Espíritu Santo nos eleva a ser verdaderos partícipes espirituales en la misma resurrección de Cristo. Debe leerlo de nuevo. No se puede decir algo menos que verdaderos partícipes somos nosotros.

Esta verdad es absolutamente asombrosa. Las palabras fallan, pero Dios nos invita a estar en su misma presencia y no tan solo nos invita a estar sino que nos invita a sentarnos a la diestra de Dios acompañados de su amado hijo. Pablo regresará a ampliar esto en capítulo (2:5, 6).  Esta unión no es tan solo para el creyente individual sino para el Cuerpo de Cristo, la Iglesia. ¡Cómo nos urge a abrazar este reto por fe y vivir de acuerdo con ello.

Pero en medio de esta oración que hace resaltar la iniciativa de Dios tanto en la doxología como en la oración aparece la frase" la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos (siendo los que vamos creyendo -  el gerundio)".  Otra vez Dios nos recuerda que lo que nos corresponde es solo creer. No podemos aportar nada ni hacer nada. La fe es la mano vacía extendida para recibir la largueza de la supereminente grandeza de su poder. 

Para subrayar esa verdad Pablo agregar "según la operación del poder de su fuerza". Tal fe no se origina en el creyente; es producto del poder de Dios a través del Espíritu Santo.  En el próximo capítulo veremos de donde fuimos sacados y qué inútiles éramos. Nuestra resurrección espiritual en Cristo fue  la consecuencia de nuestra participación en su muerte al pecado

(Romanos  6:1-6).  ¡Qué nuevo concepto del poder disponible a la mano!  Dios nos perdone por tanta incredulidad.

El Incomparable Cristo descrito en su plenitud     Efesios 1: 21-23

En un estudio previo se ha visto que la epístola a los Efesios hace eco de manera doctrinal y  práctica a la Iglesia Mística como la epístola de Colosenses hace eco de modo individual a una iglesia local.   Esta oración, pues, corresponde a Colosenses 1:15-20: "El es la imagen del Dios  invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creados todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles: sean tronos, sean dominios. sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él .  . . ." De esta manera Pablo lo describe en su augusta supremacía. Cristo al lado de la Padre de gloria comparte la grandeza del Dios trino. El enfoque de la oración destaca  la unicidad de Cristo.

El  lector no puede más que humillarse ante el soberano poder divino de Cristo. No podemos más que adorarlo y servirlo. Lo que sigue transciende nuestra pobre comprensión. Pablo que fue arrebatado al tercer cielo, a paraíso, ahora nos desvela las jerarquías celestiales (2 Corintios 12: 2-4). Recorre a los poderes celestiales tanto buenos como malos; están todos sujetos a la orden de resucitado hijo de Dios. 

En base de la resurrección de Cristo en la cual participamos "nosotros los que creemos", Paul delinea la  tremenda extensión de su autoridad. ". . . según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado  y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" (1:21-23).

El rol de la iglesia en esta oración     Efesios 1:19, 22,23

                                                                                       

En  la epístola de Efesios emerge la doctrina de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo con una prominencia notable. Es patente que en verso 19 fuimos incluidos en base de solo la fe en el poder de  Dios. Eso subraya el rol de la fe sin mérito alguno. El rol de la iglesia se va a desarrollar aun más claramente en capítulos 2 y 3. Sin embargo, algunos han dado a la iglesia una importancia excesiva. Han  interpretando que la iglesia ha llegado a ser como si fuera algo agregado más a Cristo. Citan la frase: " . . . y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" (vv.22, 23).

Es cierto que Pablo compara la iglesia de Cristo a un cuerpo en 1 Corintios 12: 12,13: "Porque así como el cuerpo es uno, y tienen muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos  o libres; y todo se nos dio a beber de un mismo Espíritu". In Efesios 5: 23-32 a continuación Pablo describe la iglesia como la novia de Cristo, un honor muy especial. 

Otros interpretan y con más razón y más de acuerdo con el contexto que Cristo y solo Cristo es el enfoque, el ápice de esta oración magnífica. La Iglesia merece un lugar entre los honores de Cristo, pero nunca está en competencia con la unicidad de Cristo. La frase – la cual es su cuerpo - es un paréntesis explicador.

La oración concluye con el gran despliegue del soberano poder y autoridad de Cristo en términos superlativos. Nada más se puede agregar a quién es él y qué puede hacer. Pablo muy a propósito nos prepara para mostrar cómo Cristo usó ese poder infinito para rescatarnos como materia prima tan corrupta, tan incorregible. Así nos lo describirá en unas palabras que se acercan en Efesios 2.

Desde lo alto hasta lo ínfimo    la realización del Gran Designio   Efesios  2:1

A veces no nos es fácil seguir el rumbo y el ritmo de la exposición de Pablo. Escribe como si fuera  un manantial de agua fresca. Regresemos a ver si podemos captar el rumbo de lo introducido en  la doxología y el ritmo en la oración. El Dios Padre llevó a cabo un Gran Designio, "el que hace todas las cosas según el designio de su voluntad" (1:11). Dios Hijo obtuvo nuestra redención en la Cruz y el Espíritu Santo nos selló hasta "la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria".

En base de esto Pablo desea que los efesios realicen en plenitud la grandeza de este potencial. Por eso sigue la oración magnífica. En la tercera petición de la oración aclara su enfoque particular: la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole (la idea  - dándole vida) de los muertos. (vv.19, 20).

De allí la oración cambia más hacia una descripción de la autoridad suprema de Cristo sobre todas las jerarquías buenas y malas. La iglesia lo acompaña en cierto sentido. Pero ahora algo tan característico de Pablo es que ni puso un verbo en el original (os dio vida - está suplido en español) al introducir a sus lectores en 2:1: "Y a vosotros cuando estabais muertos y en vuestros delitos y pecados".

Esta transición tan asombrosa y abrupta de resucitar a Cristo y a la vez "a vosotros" no se nota de inmediato, pero vincula directamente la resurrección de Cristo a la nuestra en términos de su soberano poder. Interviene tanta descripción antes y luego tanta definición del nuestro mal que se pierde la íntima conexión en la lectura.

La posición del creyente, pues, pasa de ser parte de la petición (1:20) a coincidir precisamente en la resurrección de Cristo y la nuestra resurrección en la Cruz con Cristo. ¡Tanto vale una como vale la otra! "Pero, Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo" (2:4,5). ¡Aquí Pablo nos da el verbo de 2:1!

La verdad de la resurrección suya y la nuestra hace resonar aun más la verdad acompañante, es decir, Cristo sentado y nosotros sentados con él a la diestra de Dios mismo. Esta verdad nos dará la dinámica del Gran Designio presente en el resto de la epístola. Esto es estupendo, asombroso.

El Despliegue de esta autoridad en sentarnos en lugares celestiales con Cristo

Hay figuras literarias que sirven de destacar una verdad para ponerla en fuerte contraste o que haga una comparación muy llamativa. Pablo después de la doxología basada en un solo verbo "nos escogió" (1:4) introduce la oración con un solo verbo "os dé" (1:17) así destacando su importancia y su valor. En medio de la oración Pablo se mueve hacia una descripción del augusto poder y autoridad del Resucitado Hijo de Dios (1:20-23).

Toda esta exposición es para sorprendernos en extremo.  Tendría tanta autoridad sobre todas las cosas que pudiera darnos vida a tal grado de ponernos con Cristo sentados con él a la diestra de la Majestad en el cielo. Logró nada menos que nuestra resurrección con Cristo, sentados con él en lugares celestiales.

Pablo la expresa bien: "Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él" (Colosenses 1: 21,22). Pablo está para tratar de medir esa grandeza de semejante amor en lo que sigue en Efesios 2.

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,

G. Ernesto Johnson

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