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RETOS DESDE LA CRUZ

GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO (5)

Gálatas 2:20 - La  Verdad Cumbre de Nuestra Unión con Cristo

Gálatas 2: 20,21

Introducción.

De memoria citamos Gálatas 2:20: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Suena bonito y muy espiritual pero ¿de veras nos damos cuenta de lo que significa en nuestro andar diario?  Para mí no hay versículo más clave, más crítico que éste. Decirlo y vivirlo en el crisol de la vida es otra cosa.  En el estudio anterior de ese encuentro serio con el apóstol Pedro cuando la verdad del evangelio quedaba en tela de duda, Pablo responde con esta verdad personal y práctica.  Explica su reacción correcta ante Pedro en términos de su co-crucifixión e identificación con Cristo en la Cruz. Éste era el mensaje central de Pablo frente a todo problema.

Breve repaso del contexto -- Pablo choca con Pedro ante los hermanos

Nuestro estudio de Gálatas 2:20 forma parte de un contexto más amplio en el cual Pablo autentica su apostolado, su derecho de hacer frente a los maestros de la ley que hacían daño a los creyentes en Galacia.  Empieza en Gal. 1:11-24 por narrar su conversión y la revelación inmediata del evangelio independientemente de los demás apóstoles. Lo recibió directamente de Cristo. En Gál. 2:1-10 apela a su muy limitado contacto con los de Jerusalén. En ese augusto concilio no le agregaron nada, al contrario le dieron "la diestra en señal de compañerismo" (2:9).

Pero Gálatas 2:11-21 nos presenta un choque en plena asamblea entre los grandes dirigentes, el apóstol a los judíos y el apóstol a los gentiles.  Pedro antes comía a gusto con los gentiles en Antoquía en señal de la recepción de los gentiles ya en uno en Cristo. Contaba con su recordatoria de ir a predicar en casa de Cornelio, el centurión romano (Hechos 10: 9-48).

Todo iba muy bien hasta llegar algunos de Jerusalén, compadres de Pedro de la iglesia madre. De repente y en contra de todo lo predicado Pedro se retiraba de los gentiles para no comer con ellos como antes. Ahora se presenció el escándalo de la hipocresía y la negación abierta del mensaje clave de que en el evangelio todos son iguales en Cristo por pura gracia. Pedro actúa con orgullo, miedo y con miras de mantener su reputación ante los judaizantes. Pablo reconoció de inmediato la hipocresía de Pedro y tomó cartas en ello.

Pablo con mucha valentía al discernir la carnalidad de Pedro lo reta cara a cara ante todos. Pone el dedo en la llaga y lo reprende. Pablo no quiso peligrar la piedra del ángulo del evangelio --salvos por la pura gracia sin tomar en cuenta ninguna distinción racial ni religiosa. Pero en esta alarmante confrontación Pablo da evidencia de mucha sabiduría y humildad. Aclara el principio clave, pero luego con el cambio de los pronombres suaviza y explica el mal de Pedro. Hasta se ve la ternura de pablo en medio de la franqueza fuerte. Empieza con «tú» (14), luego a «nosotros» (15-17) y finalmente "si las cosas que destruí «yo», las mismas vuelvo a edificar, trangresor me hago" (18,19). 

Pablo aquí se identifica teóricamente con Pedro. En breve dice: "Pudiera yo haber fallado justo como fallaste tú, Pedro."  No minimiza el mal de Pedro, pero ni toma una posición de santurrón. Y con calma Pablo dice que la ley con sus muchos reglamentos, lejos de salvarlo, lo mató probando abiertamente su pecado. De esa manera murió a la ley cuando por fe se identificó con Cristo quien cumplió la ley y los salvó a los dos en base de su pura gracia.

Pablo pone en claro por qué no pudo dejarse llevar por el ejemplo de Pedro  Gal. 2:20

Antes de la exégesis de Gál. 2: 20, meditemos en esta confrontación que destacó el choque entre el orgullo de Pedro en dicho momento debilísimo, aun siendo Pedro el paladín de Pentecostés. Para Pablo no era cuestión de la rivalidad personal, ni de prestigio y fama. Valorizaba la pura verdad, la consistencia ante los hermanos más débiles y  quería poner el ejemplo de Cristo a la vez. Por eso Pablo en su trato con Pedro no lo despreció sino con su corazón sensible a sus propias debilidades, se identifica con Pedro en algún sentido. Hubo esta gran diferencia entre los dos: Pablo iba a decir cómo él pudiera haberlo hecho excepto por la pura gracia de Dios y lo que le pasó de una vez en aquella cruz que los dos predicaban.  Dejando lo de Pedro, Pablo en términos muy personales le explica el cómo de la vida victoriosa.

Gálatas 2:20 es la joya en la corona de la vida en unión con Cristo. Es el "anillo de sellar" del creyente (Hageo 2: 23). Es la gema incrustada en la vida resucitada. Es toda la verdad de nuestra identificación y nuestra participación desarrolladas en Romanos 5:12-8:31, todo aquí en un solo versículo. Logra más lustre porque viene en medio de una confrontación tan difícil pero necesaria. Pablo expresa una valentía, humildad, ternura y abnegación, pero que a la vez exalta al Crucificado. Hace que el Cordero de Dios sea el lema de los coros celestiales (Apoc. 5:12-14). No cabe duda que éste es el dicho más místico de Pablo, místico en el mejor sentido de lo espiritual y duradero. 

La exégesis de Gálatas 2: 20 « Con Cristo . . . »        Identificación

El texto empieza con Cristo, al frente y en el centro. A la vez expresa nuestra unión vital que existió desde esa muerte en la Cruz hace dos mil años.  Cambiando la figura literaria, era un verdadero injerto, una rama en la vid según Jesús mismo (Juan 15. 1-8).  Era y sigue siendo una unión orgánica, no teórica. El texto original no necesita la palabra "juntamente" porque ya se estableció ese enlace con Cristo que Dios hizo de una vez. Esto es mucho más de nuestra posición doctrinal. A veces se oye tal es nuestra posición como si fuese teórico, no más. Basta Cristo.

«He sido crucificado»             Punto de partida

El tiempo del verbo es crucial.  No es tanto que ahora "estoy crucificado;" eso viene implícito. La idea predominante del tiempo perfecto pasado, voz pasiva es he sido crucificado en un punto de tiempo en el pasado, una co-crucifixión que coincide con esa muerte expiatoria de tal modo que Pablo viva en ese presente ambiente,bajo el poder y la eficacia de esa muerte que satisfizo a Dios de una vez.  En breve, cuando Cristo murió al pecado (Rom. 6:10), yo morí al pecado (Rom. 6:2).  Morí con respecto a su poder dominante y su control.  Éste es el mismo verbo que aparece en Romanos 6:6: "Conociendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado (aoristo/pasado,voz pasiva) juntamente con él, para que el cuerpo del pecado, sea destruido (rendido nulo,cancelado), a fin de que no sirvamos más el pecado."

«Ya no vivo yo mas vive Cristo en mí . . . »                 Consecuencia  radical

Un comentarista dice: "No hay coma después de «vivo.»" Es más bien una continuación de la misma vida resucitada de Cristo. Este dicho es radical, revolucionario. No quepo yo. Quedo muerto, sepultado, pero resucitado, una nueva persona, mi nueva identidad en Cristo. Esta gloriosa verdad soluciona lo heredado de postrer Adán, el triste pasado nuestro. No hay porque echar la culpa a los anteriores nuestros ni a nuestra herencia. Claro en el desarrollo de la vida  espiritual, hay los pasos de fe por tomar, pero en esa unión queda el nuevo potencial del Mucho Más de la vieja naturaleza adánica (Rom 5: 9, 10, 15, 17, 20).

«Y lo que ahora vivo en la carne . . .  »                       Realidad verdadera

Pablo es puro realista. El contexto de este versículo es el escándalo de un sincero apóstol a quien Dios había usado muchísimo, pero no tomó en dicho momento su posición con Cristo crucificado dejándose llevar por su orgullo y su reputación (1 Pedro 2:24).  Por eso Pablo de manera realista antes usó el «yo» en Gal. 2:18,19.  Nadie queda exento de tener que vivir esta vida en este cuerpo mortal como dice Romanos 6: 12; 8: 11-13. La Biblia no nos enseña la perfección alcanzada por este lado de la tumba, pero eso en sí no es excusa alguna para seguir pecando. "Tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros" (2 Cor. 4:7).

«Lo vivo en la fe del Hijo de Dios  . . .»                       El gran cómo

Pablo nos da la piedra de toque.  Esta nueva posición tomada en fe, en pura fe, es el único modo de realizar en toda circunstancia la vida resucitada de Cristo.  NO es por los esfuerzos de la ley, ni por ninguna buena obra nuestra, ni el fiel servicio dado a Cristo, sólo por la fe.  Esta fe es el ambiente, el medio en que vivimos. El objeto de nuestra fe es Cristo y mi unión con él.  Es por contarme muerto, vivo para Dios en Cristo Jesús (Rom. 6:11-14).

«El cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí»                  Acto final de amor

Pablo se da cuenta que esta crucifixión era un acto de puro amor. De esta manera Cristo lo libró de sí mismo y esa carga del «yo»que no pudo haber llevado jamás.  Dios no consultó con Pablo ni conmigo cuando juzgó tajantemente inútil e incorregible la carne nuestra. Sabía que el único remedio posible sería la muerte, la de su Hijo y la tuya y la mía en él.  Debemos atesorar esa unión aun cuando nos elimina el «yo» y así deja lugar para su amado Hijo.

La Exégesis de Gálatas 2:21  «No frustro la gracia de Dios . . .»       Meta de Pablo

Termina Pablo con el firme rumbo de su voluntad. Esta firmeza viene no de su mayor esfuerzo sino de la vida nueva que se deja florecer en su diario andar. Aun en medio de esta prueba y tensión con Pedro, Pablo dice sin jactancia alguna, no desecho, no obstaculiza la gracia de Dios. No caben la ley y sus reglamentos. Son más que inútiles frente al orgullo y el miedo. Al contrario pone el caso hipotético escandaloso: Si alguien lograse por el puro esfuerzo de la ley la justicia de Dios,  Dios se equivocó en gran manera por haber dado a muerte en vano a su hijo. ¡Pensamiento inconcebible!

¿Cómo terminó este encuentro?

Pablo no nos dice cómo terminó este encuentro. Pero el silencio de Pablo y de Pedro deja por claro que el gran apóstol Pedro se dio cuenta de su error, su carnalidad.  No estaba preparado él para negar lo que venía predicando y lo que seguía viviendo. Es bueno tomar nota de lo que dice al final en 2 Pedro 3:15 "Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas . . . ."

Conclusión

Así en un solo verso Pablo encierra la esencia de la vida victoriosa. Es un enfoque Cristo céntrico que parte de nuestra co-crucifixión, realizada en nuestra muerte al «yo» y a la ley --tema de Gálatas.  Resulta en nuestra toma por la fe de esa realidad espiritual que rinde nulo el poder del «yo» y permite que Cristo viva en nosotros. Esa muerte, la suya y la nuestra era un supremo acto de amor.  Juan 3:16 y Gálatas 2: 20 combinan para mostrarnos la grandeza del amor de Dios. Con razón Pablo termina esta epístola por decir: "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión, vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación" (Gálatas 6:14, 15).

Verdades poderosas por tomar muy en cuenta

1.                  Sólo a pie de la cruz se solucionan verdaderamente los conflictos entre los hermanos. La cruz  anula el orgullo, el miedo y el egoísmo a cero para que Cristo resalte glorificado.

2.                  La toma de nuestra posición muertos al pecado y vivos para Dios suelta el poder de la Cruz. Si no, resultan sólo la frustración y las enemistades dando lugar al diablo que destruye la unidad el cuerpo de Cristo.

3.                  Por haber seguido tomando Pablo su posición con Cristo pudo preservar la gracia de Dios, recobrar a Pedro y dejarnos el ejemplo de saber cómo llevar la vida victoriosa.

4.                  Este poder libertador no reside en una sola experiencia que grande sea sino en un andar por fe tomando diariamente nuestra posición asegurada de muertos a nosotros mismo pero a la vez vivos para Dios en Cristo Jesús. "El justo por la fe vivirá" (Romanos 1:17).

G. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible institute
Edinburg, TX
28 de octubre de 2008

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