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RETOS DESDE LA CRUZ

GÁLATAS – LA EPÍSTOLA DE LA CRUZ Y EL ESPÍRITU SANTO  (13)

El Andar en el Espíritu en la vida cotidiana

Gálatas 6: 1-6

Dr. G. Ernesto Johnson

Rio Grande Bible Institute

Introducción

En Gálatas 5 Pablo ha llamado a los gálatas a la libertad en Cristo que les corresponde plenamente. Ya muertos a la ley (Gál. 2:19)), el creyente halla en el Espíritu Santo la persona que mora en ellos quien solo puede hacerlos libres en esa santa libertad. "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados: solamente no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros". (Gal. 5:13)

Luego Pablo los reta a que anden en el Espíritu tomando muy en cuenta que la carne, la vida vieja, puede persistir en ellos. Con un contraste muy fuerte, Pablo describe las obras feas de la carne (5:19-21), pero a la vez no pierde de vista que el Espíritu produce en ellos el bendito fruto del  Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. (5: 22, 23).

Después sigue la marca verdadera del creyente, ya ha tomado de nuevo su posición con Cristo crucificado, sepultado y resucitado (Rom. 6:1-6). El radio (elemento de radiación) mata el cáncer del viejo hombre. "Pero los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos" (5:24)  Una vez más vemos que el poder de la Cruz en la vida del creyente es la clave de su victoria en Cristo Jesús.  La cruz en su aplicación personal y a diario es el remedio divino. Termina por advertirlos: "no nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, evidiándonos unos a otros". (5:26)  Siempre presente está la carne traicionera, pero no está en control.

Consejo del Espíritu Santo          Corazón sensible hacia el hermano en pecado    Gál. 6:1

Con un toque de cariño para con los hermanitos de Galacia, Pablo les da unos consejos muy prácticos, apelándoles a que sean tiernos y sensibles al compañero suyo que haya sido apoderado en una falta. "Hermanos, si alguno fuere sorprendido (detectado) en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú seas tentado" (6:1). De nuevo Pablo reitera lo traicionero de la carne. Sin embargo, de ninguna manera les permite que hagan caso omiso de la falta. El MUCHO MÁS de  nuestra muerte con Cristo (Rom. 5: 9, 10, 15, 17, 20) sobrepasa el mal genio nuestro. Hay una  traducción que sugiere una pregunta: ¿si hay entre vosotros quien se considere espiritual[1]? Sólo el espiritual que conoce su propia debilidad puede restaurar a algún caído; el Espíritu levanta a los caídos, no los tira por el suelo.

Es posible que Pablo haya tomado como trasfondo aquí dicho caso en 1 Cor. 5: 1:5.  Estaba en Corinto cuando les escribió esta carta a los gálatas.  Aquel hermano en Corinto había caído en grave pecado, pero aparentemente se arrepintió después de haber sido disciplinado; Pablo les escribió a los corintos después (2 Cor. 2: 6-8) y les exhortó que lo levantaran en ese espíritu de mansedumbre como Cristo los perdonó de una vez. Sólo el perdonado puede restaurar al arrepentido.  Pablo sabía bien que el legalista siempre condena a quien no alcanza su estandard de conducta; tal espíritu es muy ajeno a la gracia de Dios.

El verbo «sorprender» en el original quiere decir "detectado en el acto de pecar, apoderado antes de que se pudiera escapar",[2] es decir, su culpa está más allá de duda. No sugiere que sea un pecado leve que sólo se le sorprende a uno.  El verbo «restaurar» es común como un procedimiento del cirujano que repone una fractura de hueso. La idea más  prominente es la de corregir y no la de castigar. A Dios le corresponde finalmente dar el debido castigo.  Una vez más la obra del Espíritu en aquel que anda rumbo del Espíritu (5:26) da realce a la gracia de Dios.   

Consejo del Espíritu Santo      Corazón compasivo para el hermano(a) en Cristo   Gál. 6: 2,3

Si es restaurado el caído con mansedumbre, le toca a cada uno sobrellevar las cargas de los débiles. El verbo «sobrellevar» se usa en Juan 19:17 cuando Jesús llevó su cruz rumbo a Gólgota. Las relaciones entre hermanos deben ser siempre afectuosas, atentas y de muy buena voluntad. La mutualidad de compartir las cargas el uno al otro produce el espíritu de comunión y compañerismo. Esa solidaridad es del Espíritu y fortalece todas las relaciones fraternales. El Espíritu Santo no tolera el egocentrismo tan común entre los legalista quienes pueden ser "santos" pero duros para con los demás.

Tal mandato de sobrellevar las cargas el uno al otro es, al fin y al cabo, el cumplir rigurosamente con la única y verdadera ley, la ley de Cristo. El verbo «cumplir» a ley de Cristo hace hincapié en la ley obedecida hasta la última letra demandada.  No queda más por hacer.

Pablo pone la ley de Cristo en agudo contraste con la ley que promovían los judaizantes. Esto nos devuelve a la pregunta del fariseo en Mateo 22:36-40: "¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero . . . y  el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Si el segundo mandamiento cumplido es para con tu prójimo, ¿cuánto más para con tu hermano en Cristo?

Lo interesante es que Pablo sugiere la posibilidad de una situación en que alguien carnal pudiera creerse superior a los otros, hinchado de su orgullo menospreciando al otro. "Porque si el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña". (6:3)  ¡Qué denuncia del pecado supremo del orgullo! Tal sólo se engaña a sí mismo y no a nadie más. ¡Dios nos libre de semejante pecado! Si hay una sola marca de la llenura del Espíritu es la humildad. Dios no puede tolerar el orgullo, el pecado original que introdujo la maldad en el mundo celestial y terrestre.

Consejo del Espíritu Santo                  Corazón responsable de sí ante Dios    Gal. 6: 4, 5

Pablo da un viraje algo extraño. Después de haber hablado del espíritu solícito hacia el hermano detectado en pecado (6; 1) y luego la carga del necesitado (2), dice que cada creyente ante Dios tiene que ser responsable de sí mismo, es decir, cumplir personalmente con la carga que Dios mismo le ha asignado.  "Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse respecto a sí mismo, y no en otro. Porque cada uno llevará su propia carga". (6:4, 5)  No hay ninguna contradicción en estos versículos.  Cada creyente responde a Dios en primer lugar. Toda provisión le ha sido dada en gracia para que pueda presentarse ante Dios responsable y completo en Cristo.

La sintaxis del verso pone énfasis en su propia obra; debe ser tal que deja que Dios, el juez final, la evalúe por lo que sea. Esto sería una prueba del creyente, su honradez, su honestidad, su fidelidad y su motivación pura ante Dios mismo.  Si tal obra sale premiada, tendrá algo en que puede gloriarse, dándole a Dios crédito por su provisión.  De esa manera cada uno responde a Dios mismo y no hay por qué compararnos el uno con el otro. Tales comparaciones sólo resultan en la enemistad, la avaricia, el orgullo y el desánimo. (2 Cor. 10: 12)  Nada de ello glorifica a Dios.

Pablo expresa claramente esta verdad en 1 Cor  4: 3- 5. "Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano: y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes del tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y  entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios".

Un comentario más ya que Pablo usó dos palabras diferentes pero muy sinónimas: «cargas» en v.2 y «carga» en v. 5.  Lightfoot hace la distinción así: las cargas de v. 2 son las que son fuertes y opresivas y por eso requieren el apoyo y ayuda de otro. La palabra carga de v. 5  es la carga que cada persona ha de llevar como parte de su responsabilidad ante Dios y su puesto en la vida. Si es así, podemos reconocer que Dios sabe la diferencia entre lo que nos permite para nuestro bien. En un caso bastan los hermanos alrededor de nosotros para acompañarnos en triunfo y luego lo que nos toca en la providencia de Dios a quien respondemos con fidelidad y honradez.

Consejo del Espíritu Santo         Corazón generoso ante quienes nos instruyen  Gal. 6:6

Pablo llega a ser muy práctico en cuanto al deber que el creyente tiene para con aquellos que lo instruyen en la Palabra de Dios. El ministerio del Espíritu Santo no se limita a nuestra relación diaria con Dios y las bendiciones que nos da. El Espíritu nos enseña a vivir, a responder en todo momento ante el pecado detectado, a llevar las cargas pesadas de la vida sin perder de vista que cada uno tiene que dar cuenta a Dios por su propia vida.  Pablo frecuentemente toca el tema de: "Mas bienaventurado es dar que recibir". (Hechos 20: 35)

En la mayoría de sus epístolas Pablo no teme dirigirse a este deber de dar y recibir sin pedir disculpas a nadie. Dedica dos capítulos enteros a dar y recibir en 2 Cor. 8, y 9. Lejos de ser algo gravoso, Pablo dice: "Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre". 9:7,  Pablo llama el ofrendar: una gracia de Dios 2 Cor. 8:1, 8; el privilegio de participar 8: 4; este donativo  8:19; la prueba de nuestro amor 8: 24; la ministración  para los santos 9:1 vuestra generosidad, y no como de exigencia nuestra 9:5; la superabundante gracia de Dios en vosotros 9:14.

Pablo insistía en que los hermanos mantuviesen a aquellos que les ministraban la palabra. Escribiendo a los corintos algo mezquinos en dar dice: "Porque en la ley de Moisés está escrito: no pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? . . . Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Lo interesante es que Pablo insistía en que participasen con aquellos que les ministraban la palabra. Sin embargo, de ninguna manera les exigía que le diesen absolutamente nada a él mismo.  Muy al contrario Pablo agrega: "Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! ¡Qué gran ejemplo era Pablo de  la verdad: "más bienaventurado es dar que recibir"!

"El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye". (6: 6). Lo muy interesante es el verbo «haga partícipe»; alude a hacer inversiones o acciones en un negocio como socios juntos.  Los socios son tanto los que dan como los que reciben. ¡Qué concepto tan elevado de dar y recibir, haciéndose partícipes tanto de una manera como de otra!  Este espíritu de ser socios juntos en la obra santifica la colección del dinero porque los que dan y los que reciben comparten la (koinonía) participación del evangelio. Para Dios no hay lo espiritual y lo secular como si fuesen dos mundos aparte. Dios sabe santificar tanto un área como la otra cuando se da todo bajo el control del Espíritu Santo.

La Bendición de dar y recibir

A veces en la obra de Dios nosotros los pastores y misioneros nos sentimos muy mal al hablar sobre la verdad bíblica de dar de nuestros bienes, como si fuese algo que no podemos tocar. O somos tan sinceros que creemos que nos van a criticar de desear algo para nosotros mismos. Esta cobardía espiritual ha sido un defecto en el programa misionero pasado en Latinoamérica. Se ha creído que los hermanos no tienen nada que dar.  Pero tal omisión de la Palabra de Dios ha hecho un gran daño en las iglesias pobres y pequeñas.  Nunca han aprendido ni han experimentado el gozo de dar, por poco que sea.

Ante Dios el dar es el deber del rico y del pobre. Pablo dijo: "Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad." (2 Cor. 8:1, 2).  El dar es una verdadera gracia. Los que dan son verdaderos socios y compañeros en la obra de Dios.  Otro factor es que el misionero o el pastor de tales deben reducir su estilo de vida. No tiene que hacerse totalmente como los hermanos, pero siempre pueden mostrar un corazón de amor y compartir su tiempo y su corazón con los hermanos.

No es nada malo predicar sobre el dar y recibir, aun a los hermanos pobres; es un deber de dar. Puede ser un asunto delicado, pero merece y vale la pena.

En estos versos de Gál. 6:1-6 Pablo afirma que la llenura del Espíritu Santo es mucho más que una experiencia pasajera; es un andar en el mundo de la realidad. Tantas veces pensamos que él Espíritu nos pone alegres, gustosos, bendecidos. Sí que nos pone así, pero en el desarrollo de la vida cristiana es el Espíritu Santo quien nos capacita para hacer frente al pecado del hermano(a) (6:1);  nos pone a sobrellevar las cargas pesadas de los menos fuertes (6:2,3): pone en nosotros un profundo sentido de auto responsabilidad, llevando una vida íntegra y sólida ante el Señor (6: 4,5). La llenura del Espíritu nos pone generosos y cooperativos con la causa de Señor en todo momento (6: 6). Demos lugar a quien nos llena para la gloria de Jesús.

Tuyo en el Mensaje de la Cruz,

Dr. G. Ernesto Johnson

Río Grande Bible Institute

Edinburg, TX  78539

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