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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

LA CRUZ EN LA VIDA DE LOS SANTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El Trato Cumbre en la Vida de Abraham (4)

Génesis 22

Dr. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Introducción

            En la exposición anterior vimos a Abraham premiado con respecto a su hijo prometido, siendo Abraham y Sara ya muy ancianos para poder tener hijo biológico.  Aunque el  Antiguo Testamento no nos dice más que los meros datos de la promesa y el cumplimiento (Gen. 18:1-5; 21:1-7), Pablo en Romanos 4:13-25 nos da la ANATOMÍA DE LA FE, el cómo ante Dios respondió Abraham.  Pablo hace hincapié en que tal ejercicio de fe no fue la fe justificadora inicial sino la santificadora que continuaba.  Realmente no hay diferencia alguna; es la misma fe que justifica y que luego santifica. Veremos en Romanos 5 y 6 que será la misma fe en acción frente a una verdad nueva --nuestra unión con Cristo en muerte y resurrección--que santificará la creyente.

1.       Abraham ya maduro pero todavía con fallas humanas   Gen. 20:1-18;  21:22-34

A.      A veces hay un concepto erróneo de la santificación

En la vida de Abraham había cambios tan radicales que pudiéramos atribuirle una santidad mas allá de la tentación de la carne o las marcas de la vieja cultura.  Pero aunque Dios  le había colmado de la promesa de un hijo milagroso después de los trece años de prueba, Abraham falla ante Abimelec, rey de Gerar (Gen. 21:1-18).  Nos sorprende esto pero no debe ser así. Además fue la segunda vez que cayó en la misma tentación (Gen. 12:10-20). Ninguna lección ya aprendida nos es automática, si Dios nos permite la ocasión y no confiamos sólo en él. El creyente por espiritual y probado que pueda estar está siempre sujeto a la vida vieja.  Provisión la hay para la victoria, pero no es automática.

            B.  ¡Qué cosa tan rara que el rey gentil tuviera más santidad que el honorado por Dios! Dios mismo vino a rescatar al rey gentil para advertirle de la situación precaria en que se encontraba por la falla de su siervo. Reprende el rey gentil al siervo de Dios: "¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo?" (v. 9). Siempre hay la gran tentación de explicar racionalmente nuestro pecado, dispensándonos de toda culpa. Abraham dice: "Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije (a Sara), que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: 'Mi hermano es'"(13).  Por todos esos años el gran siervo de Dios vivía bajo la vieja cultura pagana y  su distorsión moral. Así hasta el mejor siervo tiene sus prejuicios viejos.  ¡No sabemos cuánto nos controla la vida vieja!

            C.   Lo interesante es que Dios no condena abiertamente a Abraham, al contrario contesta su oración a favor de la casa de Abimelec ( 17,18). Esto no justifica a Abraham ni minimiza su carnalidad, pero nos advierte que Dios perdona y no nos da lo que merecemos. Este hecho no nos debe ser motivo de excusarnos sino de reconocer nuestra debilidad constante ante la vida vieja.  Una vez más la única protección contra la carne nuestra es depender de Él  quien nos juzgó de una vez en la cruz. "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado-la vieja naturaleza- en la carne" (Rom. 8:1-3).

11.     Abraham ante la prueba mayor de su vida, el ofrecimiento de Isaac Génesis 22        

                    

A.      Una prueba que desafía nuestra comprensión

Frente a la orden de que Abraham sacrificara a su propio hijo, todo el mundo ha quedado asombrado y confundido.  Se hace la pregunta: ¿Cómo podría Dios hasta sugerir tal cosa, mucho menos, exigírselo a Abraham?  Parece que va en contra de toda la  cultura humana, menos la más pagana.  Pero Dios lo hizo porque quería disponer ante Abraham en el mundo cristiano exactamente lo que él mismo haría en la muerte de su amado Hijo, Jesucristo. En Abraham Dios confió hasta  pedirle lo imposible. Pero en el caso de Abraham hubiera habido una salida, el carnero trabado en una zarza (Gen. 22:13).

Pero en el caso de Dios mismo no habría tal salida. No habría ningún substituto al último momento.  Su hijo tendría que  pasar por el valle de la muerte sustitucionaria por ti y por mí. Isaías lo había dicho con claridad: "Con todo esto, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá su linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada" (Isa 53:10).  Pedro lo confirma:"a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole" (Hechos 2:23).  Pablo recalcó lo mismo:"El que no escatimó ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él, todas las cosas?"  (Rom. 8:32).

Abraham ya vivía tranquilo con Isaac a su lado. La promesa de Dios estaba segura y era cuestión de sólo dejar pasar el tiempo. En plena obediencia a Dios Abraham había echado fuera al hijo de Agar, aunque le costó muchísimo hacerlo. "Este dicho (echarlo fuera) pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. Entonces dijo Dios a Abraham: no te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia" (21:11,12). Dios le dio paz  en la tierra después del pacto con Abimelec (21:30-32). "Y plantó Abraham un árbol tamarisco en Beerseba, e invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno. Y moró Abraham en tierra de los filisteos muchos días." (21:33,32). Otra vez todo estaba bien tranquilo. Pero Dios le tenía el momento más temido de la vida.

B.         Dios interrumpe la paz de la vida rutinaria  22:1,2

Moisés en Gen. 22:1 nos explica el por qué de la interrupción, preparándonos para lo que vendría siempre sujeto a la crítica humana. "Aconteció después de estas cosas-la vida serena de Abraham y Sara-que Dios probó a Abraham, y le dijo: Abraham; y él respondió: Heme aquí" (1) Tres veces Abraham dirá:"heme aquí" (vv.1,7,11).  Esto habla elocuentemente sobre la buena voluntad de Abraham frente a lo desconocido. Pero ni podría imaginarse de lo que vendría. Ahora llegan las palabras fatídicas: "Toma ahora (1) tu hijo,(2) tu único,(3) Isaac, (4) a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré" (v. 2)  El texto sagrado revela que Dios plenamente comprendía el 'shock' que Abraham sufriría.  Cuatro veces Dios aclara a quien tomar1(1) tu hijo, (2) tu único, (3)Isaac, (4) a quien amas. Veo en esto en miniatura lo que Dios se había dicho a sí mismo antes de la fundación del mundo. Dios no pedía a Abraham lo que no había ya hecho por ti y por mí.  Cuando Dios nos pone a prueba fuerte no es nada en comparación con lo que él mismo ya haya conocido infinitamente más profundamente.  Dios se compadecerá de nosotros más de lo que pudiéramos comprender.  Eso nos debe quitar toda queja y crítica.  Así responde Abraham.

C.     El secreto de la obediencia inmediata e incondicional  v.3

Abraham no regateaba con Dios ni tardaba. Se puso en marcha y por tres días podría ir contemplando tal orden   Iba bien preparado y frente a la pregunta lógica no  expresada de sus siervos dijo: "Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos y volveremos a vosotros" (v.5)  Ésta es la palabra de fe que está en nuestra boca (Rom.10:8): "Mas qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos."  Tal declaración es la tremenda             confianza que Abraham agarraba por fe, afirmando que habría una solución ignorada. Sin duda Hebreos nos da tal confianza de parte de Abraham: "Por la fe Abraham, cuando fue probado ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir"(Heb. 11:17-19).  Éste es el pináculo de la fe de Abraham. La lógica de la fe es, si Dios lo quita, para cumplir con su palabra que no puede fallar, a Dios le toca devolverlo hasta por una resurrección física.  Tal es el poder creativo de la fe.

E.      Se pone más severa la prueba con la pregunta de Isaac  v.7,8

Podemos imaginarnos de la crisis de Abraham frente a la pregunta lógica de Isaac: "He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?" (v.7) La respuesta de Abraham sin saber cómo fue al grano. "Dios proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos" (v.8). Tal es una declaración de la fe ciega, pero puesta en Dios y la seguridad de su promesa.  No podemos entrar en esta tierra sagrada porque ningún padre humano puede pisar por aquí sin la iluminación de Dios.

           

F.         La intervención de Dios a tiempo con la mayor recomendación de la fe

Abraham a pie de la letra se dispuso a obedecer a Dios hasta la misma muerte física con una fe ciega más robusta que Dios lo levantaría.  Pero en el último instante: "Abraham, Abraham. Y él respondió: heme aquí. No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios. Por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único" (vv. 11,12). Claro que Jehová conocía antes que Abraham entregaría a su hijo, pero ya se dio cuenta Abraham mismo en carne propia que Dios puede pedir lo mejor, lo único suyo. Y no se rebela ni cuestiona. Dios tiene todo el derecho de dar y quitar lo dado en gracia de acuerdo con su bendita voluntad Job 1:21; 2:10). Dios no nos puede tentar (Sant.1:12-18), sino nos pone a prueba para bendecirnos y enriquecernos como a Job (Job 42:12; Sant. 5:11).

G.     La provisión milagrosa y la confirmación de la promesa en plenitud.

En el mero momento del acto de la obediencia, Dios interviene y provee un sustituto, ni antes ni después del instante. De acuerdo con la soberanía de Jehová y la fe de Abraham que coincide hay el cordero a la mano. Abraham como de costumbre nombra el lugar Jehová-jireh, Dios proveerá. "Por tanto se dice hoy: en el monte de Jehová será provisto" (v.14). Lo más significativo es que el Ángel de Jehová, claramente una teofanía, siendo Cristo pre-encarnado, se dirige a Abraham por segunda vez desde el cielo, la primera siendo la orden de 22.1 Amplía la promesa original dada en Ur de los caldeos. El colmo de todo es: "Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos" (vv.16,17).

111.          Las implicaciones teológicas y cristológicas de esta mayor prueba posible

Es posible tratar este tremendo evento en la vida de Abraham como otro milagro del

Antiguo Testamento y lo fue, pero su enseñanza nos alcanza hasta hoy día.

A    Sobre todo en términos teológicos Calvario y Gólgota es una nueva realización  del ofrecimiento de Isaac. Calvario es un evento paradigmático que trasciende el monte de Moriah.  La diferencia es que no habría ningún animal "trabado en la zarza" sino que El hijo unigénito de Dios moriría el justo por los injustos (1 Ped. 3:18). Él mismo fue el "Cordero que Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Se oye el eco de Juan 3:16 en Génesis 22:2. "Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna"  No es una casualidad que tal término "hijo unigénito" aparece tres veces en Gen. 22.2, 12, 16. Cogemos una vislumbre del corazón de Abraham y infinitamente más el corazón de Dios al  matar a su unigénito hijo por nosotros. 

Lo que antes era inimaginable, nos llegó a ser historia de manera trascendental.  La cruz estaba en el corazón de Dios como parte íntegra de su ser santo y misericordioso. No podemos conocer a Dios sin entrar cada día más hondamente en el corazón de Dios, en el Cruz de Cristo, en cuyo amor ágape que es sacrificial, justo y disponible. La vida carnal mía y tuya no puede coexistir con tal conocimiento de Dios. Con razón dijo Pablo como su supremo anhelo "A fin de conocerle y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte"

(Fil.3:10).

B.      Cristo mismo fue el protagonista principal en  todo esto.

En Juan 8 cuando Jesús disputaba con los fariseos sobre su persona; les confundió con esta afirmación: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos . . . . Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo Si fuereis hijos de Abraham, las obra de Abraham harías . . . . Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? . . . . Abraham vuestro padre se gozó de que había de venir mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos; aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?  Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: antes que Abraham fuese, yo soy"  (Juan 8:32,33,39,53,56,-58). Esto de Abraham no es tanto de él sino de Cristo pre encarnado que puso a Abraham sólo como un tipo de sí mismo, siendo él el antitipo siempre mayor y mejor que el tipo.  Lo de Abraham  tiene verdadero valor cristológico

A Abraham le confirió Dios el honor de ser tipo de Cristo, ningún honor mayor puede haber.  La consumación del plan divino es la muerte del Cordero de Dios,

precisamente lo que Romanos 3:21-31 y 6-8, tanto la justificación como la santificación. Romanos 6, a que nunca me canso de volver, nos enseña, nuestra participación en su muerte al pecado ( 6:6), y a la ley (7:4) para vivir en el poder del Espíritu de Cristo resucitado (8:1-4) como Abraham recibió a Isaac en figura.

C.     El ofrecimiento de Isaac es el cuadro práctico de entregar lo nuestro a Dios

La vida cristiana tiene en este cuadro de Abraham e Isaac la norma que Dios pide.  Todo lo que es nuestro, lo debemos mantener en una mano abierta delante de Dios.  Aun lo que Dios nos da nunca es nuestro; es lo prestado. No somos nunca dueños de nada sino mayordomos de lo suyo.  Es fácil decirlo, pero si Dios nos quita al hijo, a la esposa, la salud, el ministerio que nos da valor y significado tal es su derecho. 

Al fin de cuentas lo que nos da nos puede quitar Dios.  Hace unos tres años Dios me sacó del salón de clase. Había sido por tantos años mi "primer amor."  Lo había servido en su nombre y con su bendición. Pero me di cuenta que el puesto de haber sido presidente del Seminario Río Grande o ser maestro por 47 años no me confirió ningún derecho de seguir así.  Encontré la gracia de Dios para aceptar la deposición  bajo ataques personales.  Pero Dios llegó a ser mi valor y mi razón de vivir, no mi servicio aun en su nombre.  Nuevas puertas se me abrieron cuando las del seminario se me cerraron injustamente. Pero la victoria en Cristo nos es real. Nuestro verdadero valor está en Cristo, no en lo que podemos hacer por él. Lo que otros digan no cuenta sino sólo lo que Dios sabe y permite.  Luego Dios me devolvió a servir en el salón de clase, pero ahora con una más profunda realización de que "todo es de él, por él y para él" (Rom.11:36).  A él sea la gloria.

Ernesto Johnson

3 de enero de  2005