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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

EL TRIUNFO DE LA GRACIA DE DIOS EN LA VIDA DE JACOB(1)

Los tratos más profundos de Dios con los santos del Antiguo Testamento

G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Introducción

Este estudio sobre los tratos  de Dios con Jacob será de tres partes, porque en esta larga trayectoria Dios iba a transformar al suplantor en un verdadero Príncipe de Dios mismo.  Llegaría a tal grado que los salmistas van a referirse tantas veces a Jehová Dios como el Dios de Jacob, no de Israel sino de Jacob. Esto es lo que da ánimo a todo el mundo.  Si Jacob puede llegar a luchar con Dios y ganar, hay plena esperanza para cualquiera de nosotros.  En las palabras de Jesús: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida" (Juan 6:63).

Si nos detenemos para preguntar: ¿por qué escogió Dios a Abram desde Ur de los Caldeos, a Isaac aquel pacífico y aun más a Jacob aquel suplantor, no nos hay respuesta. Son inescrutables los caminos del Señor. Nos queda como un enigma. Claro que nunca podremos comprender plenamente la elección, ni de aquellos ni mucho menos la de nosotros. "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios" (Rom. 11:29).  La respuesta divina no nos dice absolutamente nada de nosotros ni de aquellos, sino que nos dice muchísimo de Dios mismo.

Dios en tal escogimiento quiere magnificar su gracia y su gloria  al escoger a los menos probables, aun más los más improbables; tal era Jacob, mentiroso, engañador, tramposo y fraudulento.  Si tal escogimiento revela el triunfo de la gracia, también revela la humildad de Dios en dejarse identificar como el Dios de Abraham, de Isaac y aun de Jacob. "Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados" (Isa.57:15). Muy en breve esto es el principio de la Cruz, reduciendo a la nonada lo humano para exaltar lo divino.  Cristo se hizo pobre para que en él fuésemos enriquecidos (2 Cor. 8:9).  Desde la muerte emana la vida.

Otra verdad sacada a luz es que Dios se compromete por tomar la materia  prima, la menos propia para que triunfe la obra de tu gracia.  Pablo destaca tal principio divino escribiéndoles a los corintios, a la iglesia más carnal, más divisoria y más criticona. "Pues, mirad, hermanos vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;  sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil de mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: el que se gloría, gloríese en el Señor" ( Jer.9:23, 24; 1 Cor. 1:26-31).

Otra verdad complementaria es que Dios emprende la marcha hacia nuestra santificación; no queda nada satisfecho con la mera declaración de ser justo sino que no descansa hasta que nos vaya haciendo justos y santos como él es santo.  Examinemos esa marcha triunfal divina en la vida de Jacob, el menos probable de los tres patriarcas.

1.     El Soberano escoger de Dios desde antes del nacimiento de Jacob  Gen. 25:19-26

El primer encuentro con Dios

Dios siempre es el movedor, el iniciador de sus planes. Empezamos siempre con Dios; de esa manera el ser humano nunca podrá jactarse de nada. Tanto en la salvación como en toda obra de Dios, tenemos de doblar la rodilla y reconocer que la obra es de él. Como dice Pablo en la gran doxología de Romanos 11: 33-36 después de trazar Pablo los principios grandiosos de la gracia y la misericordia de Dios: "Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos Amén."  Dios no tiene que dar razón a nadie y lo que hace al final de cuentas logrará sus fines y viviremos para darle a él la gloria que merece sin que pensemos nada en nosotros.

  1.  Dios lanza su plan en contra de todo lo cultural probable  Gen. 25:22-23

Como en el caso de Saraí, estéril hasta muy anciana, así Rebeca."Y Isaac oró a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer." Ni en el nacimiento de Jacob pudieron los padres haber participado, como si fuese de ellos. Además de eso en la gestación hubo hasta la guerra prevista en el futuro lejano.  Se oye el declaración solemne de Jehová: "Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servir a al menor." Una vez más Dios va en contra de la cultura que le da al primogénito las ventajas y las bendiciones. Esto no va a justificar para nada los medios turbios de los cuales aprovechó Jacob para sacarlas, pero sí indica de que los propósitos de Dios triunfarán al final de cuentas. Y en tal triunfo divino, transformará Dios el más feo y fraudulento.  Jacob, el suplantor, llegará a ser Príncipe con Dios. ¡Qué triunfo de la gracia de Dios.

Ahora entendemos algo más del dicho enigmático de Malaquías 1:2,3: "Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿en qué nos amaste?  No era Esaú hermano de Jacob? Dice Jehová. Y amé a Jacob y a Esaú aborreci" y el argumento de Pablo: "y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo:  el mayor servirá al menor. Como está escrito: a Jacob amé, mas a Esaú aborreci" (Rom. 9:10-13).

Nos es inescrutable la elección de Dios, pero nos corresponde guardar silencio y no juzgar a Dios según nuestra limitadísima perspectiva. Cuando dejamos que Dios sea Dios, libre para forjar sus propósitos de bendecir al mundo, podremos dejar con él los resultados.  Siempre serán como en la vida de Jacob una transformación de carácter del feo al fiel.

B.      Jacob deseoso de tener la primogenitura   Gen. 25: 27-34

El segundo encuentro con Dios

Ya crecidos los dos, Esaú el mayor y Jacob el menor, los vemos en un momento de crisis moral y coincidencia.  Pero tales momentos revelan profundamente el carácter espiritual de los dos. Ahora podemos ver quizá en Jacob lo que Dios podía ver y que transformaría por largos y dolorosos tratos personales.  En este encuentro vemos lo negativo de Esaú quien en el momento de supuesta hambre menospreció su primogenitura.  Al contrario vemos en Jacob un ardiente deseo --o por cualquier motivo bueno o mediocre --de obtener lo que Dios en su elección le iba a dar.

La familia era medio disfuncional; Isaac favorecía a Esaú, el cazador, porque le hacía sabroso guiso y Rebeca tendía hacia Jacob, hombre quieto y tranquilo. En dicho momento Esaú, regresando de la caza, tenía un hambre feroz y su reacción sintomática de su carácter dijo: "Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado." Aprovechando la petición Jacob propuso astutamente la venta y la reacción de Esaú fue inmediata: "He aquí yo voy a morir, ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura."  Pero más alarmante es el comentario inspirado de Moisés: "Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió, bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura" (Gen 25;34). Luego en Hebreos 12:15,16: tenemos el comentario del Nuevo Testamento que es de aplicación hoy día: "Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; No sea que haya algún fornicario, o profano como Esaú, que por una sala comida vendió su primogenitura."

Este encuentro con Esaú revela mucho más del carácter de Esaú que el de Jacob. Esaú no valorizó para nada la primogenitura que pudiera haber tenido ricas posibilidades espirituales. Más  bien pensó sólo en el estómago y tuvo en poco lo que era suyo.  ¡Cuántas veces una decisión momentánea, en un momento crítico, puede descalificarnos de tanto! David en el momento menos esperado de tentación trajo sobre sí y sobre otros inocentes tantas tristes consecuencias (2 Sam. 11,12). ¡Cómo debemos guardarnos de la carne en dicho momento!

Hay otro comentario sobre la vida rebelde de Esaú en agudo contraste con la de Jacob. Tiene que ver con su matrimonio con una hetea: "Y cuando Esáú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit, hija de Beeri heteo . . . y fueron amargura de espíritu para Isaac y Rebeca"  (Gen. 26:34,35; 27:46; 28:1)   En cambio después del engaño de Esau, Jacob obedeció a sus padres y salió para la casa de Labán, hermano de Rebeca. Puede parecer algo insignificante, pero no lo era; Dios había prohibido tal matrimonio con las canaanitas.  Una vez más a quienes Dios no escoge, se descalifican por su desobediencia. A quienes Dios escoge andan bien aunque a veces tropezando frecuentemente. Tal era Jacob.

¿Qué se puede decir a favor de Jacob en este engaño de Esaú? A lo menos Jacob por cualquier razón apreció la primogenitura.  Podemos discutir el modo problemático de sacársela a Esaú, pero dicho esto, Jacob quería lo que Dios en su soberanía le había prometido. Tales son los imponderables de la vida.  Sólo Dios puede resolverlos a largo plazo.

C.    La mala jugada de Rebeca y Jacob contra Isaac y Esaú   Gen. 27: 1-46

El tercer encuentro con Dios

Lo que sigue no es recomendable, pero una vez más a pesar de la carnalidad del engaño, Jacob buscaba la bendición divina. Debió haber sabido Jacob de la profecía al nacer, pero Dios iba a tornar en bendición este pecado.  Otra vez se ve la familia algo disfuncional: Isaac listo a dar la bendición al mayor según la cultura oriental, Rebeca a  favor de Jacob lista a promover una estrategia peligrosa.  Dios no defiende tal carnalidad, pero la va a tornar en bendición, pero no sin que Jacob tuviera que pagar un alto precio para tal pecado. Eso vendrá después; entretanto Dios sigue obrando su voluntad en Jacob para producir en él la finalidad divina.  "Ciertamente la ira del hombre te alabará; Tú reprimirás el resto de las iras" (Sal. 76:10).  Nada puede tomar por sorpresa a Dios. Iba a cumplir con su profecía, estando los dos aún en el seno de Rebeca. (Gen. 25:23).

La historia es bien conocida. Rebeca con Jacob trama una treta con el fin de engañar a Isaac y robarle a Esaú la bendición que iría a tener tremendas futuras consecuencias. Dios interviene a favor de su plan eterno sin aprobar los medios tramposos de Rebeca y Jacob. Una vez más Dios es soberano y lleva a cabo su plan a pesar de la carnalidad de Jacob. Sin embargo Dios había  amado a Jacob; tenía para él los grandes propósitos hasta escatológicos. Dios sería el Dios de Abraham, de Isaac y sí aun de Jacob.  Dios no había terminado con Jacob; en cambio apenas había empezado y lograría su plan. Dios no se limita a la materia prima que el ser humano le provee.  ¡Qué lección para nosotros: todavía nos queda mucho por desaprender y Dios está dispuesto a enseñárnoslo en su misericordia!

La historia está llena de las maquinaciones y maniobras carnales. En lugar de dejar en manos de Dios el futuro, lo toman en las suyas.  Pero al fin de cuentas no frustrarán a Dios. Aunque Isaac tiene sus dudas de este "Easú," pronunció la bendición que tendría largas consecuencias. "Sírvante pueblos, y naciones e inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos lo que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren" (Gen. 27:29) Se oyen los ecos del pacto Abrahámico.  De veras sería una línea directa desde Abraham a este intrigante Jacob. ¿Pone Dios el futuro de su pacto en manos de éste?  Así como Dios puso a Job en manos de Satanás, sabía que su gracia al final triunfaría.  Esto es lo que Dios hace cada vez que nos llama, contándonos fieles poniéndonos en el ministerio  (1 Tim. 1:12-14).  Esto nos debe animar grandemente en medio de las tretas del orgullo que nos arrastran.

Esaú se queja con su padre pero inútilmente porque la bendición de Dios se reserva para quien Dios escoge.  Esaú se identifica como indigno de ser el escogido. "Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre, y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael, hijo de Abraham . . . además de sus otras mujeres" (Gen 28:8-9).  No oímos más de Esaú.  En cambio "Jacob obedeció a su padre y a su madre y se había ido a Padan-aram" (28:7).   Otra consecuencia de esta intriga fue que Esaú llegaría ser el más temido por Jacob lo cual le conduciría al final encuentro con Dios  en Gen. 32:22-32. Pero aquí también triunfará Dios, aun sobre el rebelde Esaú.  Aprenderá Jacob que su mayor enemigo no será su hermano sino su propia carnalidad tan dada a la intriga y el egoísmo

Dios ahora pone en marcha algunas consecuencias en la vida de Jacob. Pagaría un precio alto para su ardides."Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob" (Gen. 27:41). Al oír tales palabras Rebeca urge a Jacob que salga inmediatamente para la casa de Labán, su hermano en Harán.  Isaac está de acuerdo y confirma que no se debe casarse con una canaanita. Jacob, pues, obedece a sus padres y al salir recibió la bendición de su padre: "y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham" (Gen. 28:3,4).  Sale Jacob no sabiendo que el cuarto encuentro le espera en camino a Harán.  Ahora Dios tomará cartas en la vida de su siervo fraude e intrigante.  Pagaría un precio, pero saldría por fin como oro refinado.

Conclusión

En los tratos de Dios con nosotros, todo esto no nos debe sorprender. ¿Quién no ha dado lugar a la carne, al viejo hombre, en defensa de su egoísmo? ¿Quién no tiene de que estar avergonzado por las obras de la carne, aun en el servicio del Señor? ¿Quién no ha visto en otros, y aun su propio corazón, los pecados secretos?  David también pide a Dios: "¿Quién podrá entender sus propios errores?  Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión" (Sal. 19:12,13). Más adelante David reitera lo mismo: "Examíneme, oh Dios, y conoce mi corazón;  pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí caminos de perversidad, y guíame en el camino eterno" (Sal. 139: 23,24).

Ernesto Johnson

9 de  febrero de 2005