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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

EL COLMO DEL TRIUNFO DE LA GRACIA DE DIOS EN LA VIDA DE JACOB (3)

Los tratos más profundos de Dios con los santos del Antiguo Testamento

G. Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Edinburg, TX

Introducción

            En los dos previos estudios hemos visto los tratos o los encuentros de Dios con Jacob.  Todo esto nos revela la misericordia y la paciencia de Dios para con él, tan feo, engañador y fraudulento en su persona. Pero Dios en gracia lo había llamado y se había comprometido transformarlo en un patriarca y un ejemplo ilustre del Antiguo Testamento. ¡Qué trayectoria de gracia pero tan dolorosa a la vez para Jacob!  Hemos trazado estos seis encuentros:

1.       en el vientre de Rebeca Dios soberanamente lo llama  Gen. 25: 21-26.

2.       en la compra de la primogenitura a Esaú  Gen. 25: 27-34

3.       en el tremendo engaño de Isaac y Esaú en robarle la bendición  Gen.27:1-40

4.       en la huida de Esaú y en camino Jehová se le aparece en visión  Gen.28: 10-22

5.       en los líos con su tío Labán, engañándole tres veces  Gen. 29:13-30;30-31

6.       en el escape de Labán; Dios no permitió hacerle daño Labán Gen. 31:17-55

En todo esto Dios venía probando a Jacob. Siempre desde el principio había en Jacob un  buen deseo de conseguir la aprobación y la bendición del Señor.  Obedecía a veces, pero más frecuentemente usaba del engaño, tretas y mentira para lograr sus fines. Dios no lo perdonaba ni pasaba por encima de ello, sino que venía  animándolo como en visión de  Betel (Gen. 28:11-22).  "He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho"  ¡Qué maravillosa gracia! 

Sin embargo, Dios iba enseñándole por medio de sus circunstancias. Como había engañado a su padre, Isaac y a su hermano, Esaú, Labán le engañaría a Jacob que tendría que esperar 20  largos años antes de poder volver bajo circunstancias que le infundiría tremendo temor – un final encuentro con Esaú quien se había prometido matarlo: "Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre y yo mataré a mi hermano Jacob" (Gen. 27:41). Jacob salía con esa amenaza de muerte sobre su cabeza.

1.      Los preparativos cuidadosos para tal encuentro final con Esaú  Génesis 32;1-21

  1. En gracia Dios por medio de los ángeles se encuentró con Jacob  Gen. 32:1,2

Tan bueno es Dios al encontrarse con Jacob al empezar su viaje a la tierra prometida. 

"Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. Y dijo Jacob cuando los vio: campamento de Dios es éste; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim o majano del testimonio --montón de piedras en las encrucijadas y división de términos. En la cultura hebrea tal montón de piedras hablaba de un monumento a algo muy especial. Sin duda se le ocurrió a Jacob recordar la promesa en tanta gracia que recibió en Betel cuando antes de hacer su voto puso "una piedra que había puesto de cabecera y la alzó por señal y derramó aceite sobre ella" (Gen. 28:18).  Sin duda alguna esto fue un confort a Jacob asegurándole de la presencia de Dios en los días venideros.

Esto me recalca que cuando Dios está para disciplinarnos, no lo hace con el fin de castigar o atemorizarnos, sino siempre con el fin de moldear nuestro carácter. Está lejos de Dios el puro castigo  Tantas veces en nuestro pensar y dolor atribuimos a Dios el castigo cuando nos toca la disciplina del Señor. En realidad es su amor, su amor duro que tiene la finalidad de bendecirnos y hacernos más a la imagen divina. Isaías describe el castigo divino con la obra extraña: "Porque Jehová se levantará como el monte Perazim . . . para hacer su obra, su extraña, y para hacer su operación, su extraña." (Isa. 28:21).

Dios bien sabía lo que vendría, no tanto un encuentro con su hermano, Esaú, aunque lo temía en gran manera, sino consigo mismo.  Su solución final no sería en encontrarse con Esaú, tratando de persuadirlo o apaciguarlo por medio de regalos sino en encontrarse con Dios mismo en su justicia y gracia.

 

B.   Ya el largamente esperado encuentro con su enemigo, Esaú   Gen. 32:3-21

            1.   Aunque Dios le había dado evidencia de su fidelidad a su pacto anterior, Jacob tan dado a los planes y las maniobras empieza a planear la mejor manera de apaciguar a Esaú.  No puede no tomar en sus manos y hacer su mejor esfuerzo. "Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano . . . y les mandó diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y me he detenido hasta ahora; tengo vacas, asnos, ovejas y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor para hallar gracia en tus ojos" (4,5).  Nótese como hasta poner las palabras en boca de sus mensajeros, con gran cortesía llamándolo "mi señor" dos veces y llamándose "tu siervo" una vez,  y "hallar gracia en tus ojos."  Usa de todas las palabras suaves para ablandar el corazón de su enemigo más temido.  En el mero momento tantas veces usamos de los medios de la carne.  Jacob se veía con la necesidad de cambiar de su parecer a Esaú. Veremos más medios astutos después, pero por ahora no deja de hacer todo lo posible.

            La respuesta de parte de los mensajeros iba a llenar el corazón de Jacob con más miedo" Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él" (6). La noticia no hubiera sido tan horrenda si no hubiera agregado y con él cuatrocientos hombres.  Lógicamente  no se necesita a tantos para recibir a un querido hermano de carne y sangre. No podría haber otra posibilidad sino la de llevar a cabo su  voto de matarlo (Gen.27:41). No cabe duda de que Jacob se llenó de espanto. ¿Qué haría con todo su cortejo y más aún consigo mismo ante este momento ominoso?

2.  Al oír esta mala noticia se puso a dividir el cortejo de la manera más ventajosa posible; en los arreglos minuciosos podemos ver el valor relativo de sus animales, sus esposas, sus hijos y por fin el valor supremo de sí mismo. ¡Qué revelación de sus prioridades y valores!  "Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos."  Su razonamiento revela el viejo Jacob, el suplantor: "Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará" (7,8).

Jacob ahora acude a Jehová. Su teología era bastante buena pero  . . . . No cabe duda de que era sincero porque estaba en un gran aprieto, entre la espada y la pared. En tales situaciones acudimos a Dios así como apelando al último recurso nuestro. Dios aun lo escucha, pero tiene mucho más que hacer en Jacob que escatimarle las consecuencias de su  carnalidad  todavía presente. Pero Dios lo sacaría delante, pero no sin que Jacob pagara un precio alto -- su egoísmo y auto amor.  Ora a Dios y lo recuerda de su promesa en Betel. Esto es la fe de Jacob en acción, pero la fe mezclada de sus propios esfuerzos. Con razón dice: "Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien. Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo . . . líbrame ahora de la mano de mi hermano, porque le temo, no venga acaso y me hiera la madre con los hijos" (9-11). Jacob piensa que su mayor problema es su hermano y lo de mañana. Dios sabía que el mayor problema era Jacob mismo. Otra vez recordó  Jehová de la promesa de unas generaciones futuras innumerables. Jacob combina la oración por la gravedad de la situación con sus propios planes.

            3.  Jacob durmió intranquilo esa noche.  Pero todavía  tenía unas maniobras que sobraban. Calculó un presente como si Esaú le faltara algo: "200 cabras, 20 macho cabríos, 200 ovejas y 20 carneros, 30 camellas  paridas con sus crías, 4 vacas y 10 novillos, 20 anas y 10 borricos" (14,15). "Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y mandada" (16). Además Jacob separó las manadas una de la otra para que al encontrarse con Esaú les daría oportunidad de  prepararse si no venían en paz.  Hasta le dijo a sus siervos lo que debían decir a los de Esaú si llegasen. Jacob revela su plan al decir: "He aquí  tu siervo Jacob viene tras nosotros. Porque dijo: apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y veré su rostro; quizá le será acepto" (20). No podía dejar las cosas en manos de Dios.  Todavía no ha aprendido a caminar por fe, dejando que Dios fuera Dios en control de todo. Con todos los planes en pie, los hizo pasar delante de él y durmió la noche en el campamento (21). 

            4.  Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres (Raquel y Lea), y sus dos siervas (Bilha y Zilpa) y sus once hijos, y pasó el vado de Jacob. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía" (22,23).  Ahora quedan las palabras tan críticas: Así se quedó Jacob solo.  Este hombre tan valiente hace pasar primero de él a sus mujeres y a sus hijos, sacrificándolos a la esperada ira de Esaú.  Esto revela de manera palpable que Jacob pensaba aún en sí y estaba dispuesto a ser el último en enfrentar a su hermano enojado. Jacob estaba todavía dado a planear las cosas a su manera.  Éste es el egocentrismo de la carne, el  creyente que no sabe aceptar su posición con Cristo ya crucificado, sepultado y resucitado.  No debemos juzgar demasiado duro a Jacob porque hacemos lo mismísimo a menos que el Espíritu  nos lleve a la cruz.  Toda la cultura, aun cristiana, no acepta esta posición de crucificada; prefiere sus derechos, sus demandas y su propia defensa frente a lo injusto a su manera de pensar

11.     El verdadero encuentro con Dios mismo; no hay otro que valga  Gen. 32:22-33

    

A.    El varón divino espera que Jacob acabe con todas sus tretas   Gen. 32:24-30

Dios sabe la manera de hallarnos solos, sin la defensa nuestra. Por toda la vida de Jacob él había podido arreglar las cosas a su favor. A veces le salieron bien, a veces le salieron mal, pero parecía que tenía una fuente inagotable de razones, defensas y justificaciones. Pero ya frente a lo inevitable, la llegada el próximo día de su hermano Esaú y con los cuatrocientos soldados no habría  ninguna salida.  Ya a Jacob le dio la hora decisiva.

            Dios esperó el momento oportuno para hallar a Jacob sin más maniobras. Dice el texto secamente: "y luchó con él un varón hasta que rayaba el sol" (24).  Es cierto que Jacob pudo con el varón.  Jacob no se rendía fácilmente. Sin duda pasaba por su mente la visión de Betel y las promesas de Jehová.  No pudo resolver lo prometido y su situación crítica ante lo de mañana. Pero Jacob ponía su parte al grado que el varón -- no cabe duda fue Cristo encarnado (véase v.28, 29) – "tocó el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba" (25). Veo en esto que Cristo pre-encarnado tuvo que tocar el músculo más fuerte de su cuerpo, el muslo, y dejarlo agarrado. En el diálogo con el Ángel de Jehová  Jacob no quiso  soltarse del varón sin que le diese una bendición. 

            Se dio cuenta Jacob ahora de que luchaba con Dios y aquel deseo profetizado de él en el vientre de su madre, reforzado en la visión de Betel y en la promesa de Jehová en casa de Labán, todo resultó en un fuerte deseo de estar bien con Dios a pesar de su record triste del pasado. Esto es lo que Dios puso en gracia y vio en Jacob a través de las muchas tretas y engaños que nunca aprobaba Dios. Pero el plan de Dios era refinar y purificar a Jacob por medio de los golpes providenciales.  Del mismo modo es el plan de Dios en tu vida y en la mía.

            B.    En el momento preciso la pregunta que destroza Jacob.  Dios no pasa nunca por encima de manera superficial la vida vieja; no importa cuán sutiles pueden ser sus formas. Si el paciente se muere del cáncer fatal, el médico divino no va a prescribir una aspirina sino que va a exigir una cirugía total. Dios conocía a Jacob como no se conocía él mismo.  Con una sola pregunta el Ángel de Jehová requiere una respuesta de corazón: "¿Cuál es tu nombre? (27). No cabe la menor duda de que bien conocía a Jacob, sobre todo su nombre y la definición de él.  Pero quería que Jacob mismo con toda honestidad le dijese de manera absoluta, llegando a ser dueño de su mal --suplantor, engañador, mentiroso, egoísta.

Por fin agotado y humillado, Jacob responde simplemente: Jacob. Pero ¡qué mundo de mal está en esa sola palabra de la boca y más aun del corazón de Jacob.  Esperó el Ángel de Jehová tal confesión equivalente a: "Sé propicio a mí pecador (Lucas 18:13); equivalente a lo que dijo Pablo: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rom. 7:24). Éste es el momento del verdadero quebramiento que trae de inmediato la solución.  Es una verdadera muerte al yo y una resurrección de la vida nueva en Cristo Jesús Señor nuestro.  Le costó a Jacob su reputación su todo, pero te iba a recompensar en breve.

C.  Al oír tal confesión sin excusa ni pretexto, el Ángel de Jehová dijo: 'No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido" (28).  Éste fue el séptimo encuentro con Dios y el decisivo. De esta manera  el cambio del nombre significaba un cambio de posición, cambio de carácter.  Como Jesús cambió el nombre de Simón a Pedro, así el cambio de Jacob a Israel significaba un mundo de cambio ante Dios, una verdadera transformación en principio.  Claro esto no quiere decir que llegara a la perfección sino una nueva posición práctica ante Dios mismo.

En el quebrantamiento de Jacob, emergió Israel, "el que lucha con Dios o Dios lucha."  El  comentario del Ángel de Jehová es que había luchado con Dios y con los hombres y has vencido. En esta última palabra lo que Jacob con todas sus tretas no pudo lograr, Dios conquistó su naturaleza carnal, su viejo hombre y le dio una victoria que permanecería. 

Aquí vemos la preciosa verdad de la Cruz: quien pierde, gana; quien ama su vida, pierde su vida; quien aborrece su vida, la guardará.  Lo que parece imposible viene siendo el camino de la Cruz. Otra vea "el grano de trigo que cae, que muere, lleva mucho fruto" (Juan 12:24).  Los caminos de Dios son tan diferentes que los nuestros. Somos tan dados a laborar en nuestras propias energías y luego nos afanamos, nos cansamos, no dándonos cuenta de que entramos en la vida victoriosa por medio de la muerte del viejo. 

Lo más hermoso es que el viejo hombre fue definitivamente juzgado una vez para siempre.  No hay por qué atender a él. Nos corresponde tomar la posición ya nuestra y vivir agradecidos por la fe en la vida resucitada y la nuestra en Cristo Jesús.  Éste es el mensaje de Romanos 6: "¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en pecado para la gracia abunde?  De ninguna manera. Porque los morimos al pecado como viviremos aún en él? . . . . Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea cancelado (es decir, su poder y tiranía), a fin de que no sirvamos más el pecado" (Rom. 6:1, 2, 6).

Pero para que esta verdadera libertadora opere en nosotros, se nos requiere precisamente lo que le tocó a Jacob.  ¿Cuál es tu nombre?  ¿Cuál es tu carácter  -- mentiroso, auto compasivo, arrogante, impuro, impaciente, amargo, rebelde, una lengua criticona, chismosa, etc. etc. etc.?  Al hacer frente nosotros con toda honestidad de una vez, tal permite que el Espíritu Santo trate con ese pecado y la dinámica de la vida en Cristo nos libera.  Así sucesivamente andamos a la luz de estas verdades libertadoras.  Es un andar por fe, no por experiencias. "El justo por la fe vivirá" (Rom 1:17).

D.   Pero queda unos detalles más. Jacob a pesar de sus trampas y mentiras siempre quería la bendición de Jehová.  En esta lucha agarrado del ángel, no lo suelta para nada del mundo sin que se le dé una bendición.  La valentía de Jacob y la honestidad al hacer frente a su mal le permite demandar una bendición. Con bastante osadía pregunta el nombre del varón.  Pero Dios no tiene que dar su nombre, ni tampoco el Ángel de Jehová. Pero le dio lo que valía mucho más, la bendición.

Jacob antes había robado a Esaú la bendición y eso resultó en su huida.  Ahora Dios le da gratuitamente la bendición que buscaba, pero bajo las condiciones del quebrantamiento y la humillación. Así es la vida victoriosa, bendecida, pero siempre a costo nuestro y bajo las condiciones del principio de la Cruz.  Es decir, a través de la muerte, le llega la verdadera vida.

E.   Jacob reconoce su encuentro decisivo. "Y llamo Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librado mi alma" (30).  No hay mayor bendición de ver a Dios. En el lenguaje del Nuevo Testamento quiere decir:

" Porque Dios que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones , para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Cor. 4:6).

            Queda mucho más pero en el último estudio que sigue voy a concluir con el impacto de todo esto en la vida de Jacob, su feliz encuentro con Esaú y el tremendo honor que Jehová le dio por dejarse nombrar el Dios de Jacob.  ¡Qué tan gran honor de que Dios se asocia a sí mismo con este fraude original que llegó a ser el Príncipe de Dios!

G. Ernesto Johnson

28 de abril de 2005