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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

LA HISTORIA DE JOB EN MARCHA HACIA EL FIN DIVINO (2)

Los tratos más profundos de Dios para con los santos del Antiguo Testamento

G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande
Edinburg, Texas

Introducción

De acuerdo con  el enfoque del primer estudio, nuestro énfasis caerá en Dios y no en Job. Dios mismo es siempre el agente iniciador y Job el objeto del amor y la gracia manifestados a Job.  Dios está elaborado un plan divino y empieza a introducirlo con suma fidelidad y propósito que Job de ninguna manera puede comprender.  Después de dos "rounds" en el boxeo espiritual en los cuales Job responde magníficamente, parece que Job ya está en la cumbre de la espiritualidad.  Las primeras reacciones de Job justifican a Dios a los ojos de los lectores que realmente Job era como Dios mismo lo describió: "hombre perfecto, y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" (Job 1:1, 8; 2:2).

Dios sí que sabía adónde iba en esta prueba. Pero pobre Job no tenía ni idea alguna de la cirugía divina que aproximaba.  Tal situación se originó en Dios mismo; no le daría a Job otra salida que creer finalmente en la gracia de Dios.  Este callejón en que se hallaba Job produjo en él las quejas y frustración. Allí entraron desde Job 3  hasta 25 los diálogos de los tres "amigos" que tampoco entendían para nada qué hacía Dios.  Job respondió en defensa suya, confiando en su integridad como la sabía. Luego entró Eliud con sus consejos medio buenos y medio humanos, pero sólo entendió oscuramente el plan divino (Job 32- 37). Por fin Jehová entró en la lucha sin darle a Job consuelo alguno porque el gran cirujano sabía qué hacía; iba a cortar el tumor de la justicia propia de este buen  hombre (Job 38-41). Se desprende el plan divino a costa del pobre Job que finalmente terminaría en la doble bendición de Dios, lo cual era al final de cuentas el buen amor de Dios para con su fiel hijo.

En la trayectoria que se desprendía, Dios en su gran sabiduría no dejaba a Job otra salida que la de aguantar la prueba, aprender a aceptar por difícil que fuera la prueba y desarrollar una sumisión y una fe más pura en su Dios.  Lo mismo en todos los tratos de Dios con nosotros.  No hay nada mejor que aprender de depender de Dios aceptar el quebrantamiento del «yo» y dejar que él nos perfeccione y nos haga participantes en la misma vida de él.  Pablo lo expresa muy bien en unas seis palabras cortas: "el justo por la fe vivirá" (Hab. 2:4, Rom.1:17; Gal. 3:11; Heb.10:38).

Santiago da la conclusión final: "He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo" (Sant. 5:11). Entramos en el reposo divino (Heb.4:9), sólo por fe y la fe no viene sino por oír la Palabra de Dios en la misma prueba.  Veremos que en el duro proceso de Job 3 - 42, Job por fin se ve, se conoce como Dios lo conoce y por fin en el quebrantamiento Dios lo podrá bendecir doblemente.  Los caminos de Dios hoy no han cambiado para nada. Así nos trata "según el poder que actúa  en nosotros" (Ef. 3: 20, 21).

1.    Dios someta a Job a prueba durísima, motivado por el bienestar de Job Job 1, 2

El autor anónimo da principio a la  historia verídico de Job con la simple aseveración: "Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" (Job. 1:1).  No nos llamaría mucho la atención si Dios mismo no nos hubiera dicho lo mismo (1:8). Claro está que Job no era perfecto en el sentido absoluto.  Pero tal descripción es una alta recomendación de parte de Dios que debemos recibir su declaración sin pregunta alguna. En lo visible, lo externo, en su conducta Job no era culpable de los pecados abiertos, no confesados y perdonados. Andaba  a la luz de la verdad confiando en Dios.

Sigue la descripción de Job en términos de la plena bendición de Dios sobre éste.  En el Antiguo Testamento tantas veces la riqueza material era evidencia de la aprobación de Dios, pero no siempre (véase Salmo 73 – la riqueza de los malos). Quizá lo que subrayaba su buen andar tenía que ver con el trato espiritual en pro de sus hijos. En medio de sus deleites decía Job: "Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones.  De esta manera hacía todos los días" (1:5).  Job despeñaba el papel sacerdotal al ofrecer holocaustos  para cada uno en cuanto necesitaran.  Esto nos da una indicación de la antigüedad del libro, porque establece que Job vivía antes de la ley mosaica o que vivía fuera de Israel.

A.        La historia empieza y se desarrolla con una importante vislumbre del cielo y la interacción entre Dios y Satanás.  Sólo raras veces el Antiguo Testamento nos hace correr la cortina para revelarnos los movimientos celestiales, la lucha cósmica que toma lugar más allá de nuestro conocimiento. Otras veces se ven en la profecía de Isaías 14 bajo el personaje del rey de Babilona y la de Ezequiel 28 bajo el príncipe de Tiro. En Génesis 3 se ve la lucha en el Huerto de Edén y luego en Zacarías 3. Dios no da publicidad gratis a su enemigo mayor, pero sólo para darnos a entender su soberanía eterna sobre el mal.

Pero el autor inspirado introduce el drama de Job con una pregunta de Dios mismo dirigida a Satanás: "¿No has considerado mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?" (1:8). Dios mismo toma la iniciativa, pone en la línea su concepto de su siervo y su propia evaluación de Job.  ¡Qué arriesgón divino! Pero no, porque Dios no se equivoca nunca. Desde el punto de vista humano, Dios invita a Satanás a probarlo equivocado. Pero tan soberano es Dios que sabía el fin desde el principio. Sus propósitos triunfarán.

Esto pone en  la perspectiva bíblica la gloriosa verdad de que Satanás no puede nada contra los hijos de Dios sin el pleno permiso de Dios. Cuando lo permite es para lograr los fines de Dios mismo: la disciplina (Heb.12: 1-11), el castigo (1 Cor. 5: 3-5; 1 Tim. 1:19,20) o el perfeccionamiento (Sant. 5:11).  Es la regla número uno en cuanto a todo lo satánico que pueda pasar en nuestra vida.   A veces nos molesta la pregunta: ¿Viene de Dios o viene del diablo? Pero Dios tiene la última palabra. Olvídese de echar la culpa a un mal espíritu.  El dr. Huegel, mi mentor de hace años, decía: "Señor, si viene del diablo, lo resisto en el nombre del Crucificado. Si viene de ti, lo acepto y lo tomo de tu mano para mi bien." Buen consejo.

B.         Como es de esperar, Satanás respondió con un cinismo: ¿Acaso Job tema a Job a Dios de balde? Le echa en cara de Dios las bendiciones materiales que lo rodeaban como los medios que usa Dios para comprar a Job.  Como acusador de los hermanos (Apoc.12: 10), no puede concebir el adversario en el amor desinteresado del hijo de Dios. Tan perdido y perverso es Satanás que acusa tanto a Dios descaradamente y como al creyente ante Dios. Con esa respuesta el diablo "arroja el guante" y desafía a Dios hacer algo en contra de Job.

Esta librada la batalla. Pero debemos siempre recordar quien hizo la primera pregunta desafiante – Dios mismo. La última palabra de Satanás revela su sarcasmo: "Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia" (1:11).  Satanás admite abiertamente que no puede tocar a Job, está él fuera de su jurisdicción. Dios no puede menos que responder: "He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él (1:12).  Dios de nuevo pone el límite y sale Satanás confiado que ya ganó la batalla.

Volvamos al primer estudio cuando Jesús dijo a sus supuestos discípulos: "Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14: 33). Ésta fue la primera prueba para Job y Dios lo sometió con la confianza del triunfo de su gracia. ¡Qué alentadora la confianza de Dios en el suyo! Lo que sigue sabemos: pérdida de los bueyes (14), de los criados (15), de las ovejas (16), de los camellos (17) y el tiro de gracia la pérdida de los hijos (18); golpazo tras golpazo sin pausa y con el refrán: "solamente escapé yo para darte la noticia."

La reacción espontánea de Job es una maravilla de sumisión.  Casi no podemos creerla.  Reaccionó como ser humano: "rasgó su manto y rasuró su cabeza, y se postró en tierra" y ahora viene el colmo de sumisión: "lo adoró."  Job allí nos deja todos atrás. Sólo se oye su resignación sincera: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre – manera de obra – bendito" (21). Añade el autor inspirado:"En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno" (22).

Podemos decir que fue Jehová, no tanto Job, que ganó el primer "round" del boxeo cósmico. Dios se justificó ante Satanás. La gracia triunfó en la pérdida de todo lo que poseía. Job aceptó esta primera condición del discipulado. La victoria aunque fue a través de Job fue a causa de la gracia dada y tomada. Pero vendrá otro "round" cuando Dios vuelve a ponerle a una prueba peor y otra vez saldrá triunfante por la misma gracia de Dios.

11.  Dios someta a Job a una prueba más dura aun y otra vez triunfa la gracia  Job 2

A.  Sigue el Acto Dos en el drama de Dios y Satanás, siendo Job la pieza que querían mover. Por segunda vez Satanás se aparece ante el trono en el cielo, una vislumbra del misterio del mal.  Se repite precisamente la misma conversación. Dios agrega: ¿(Job) . .  . todavía retiene su integridad, aun cuando tú me has incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?  Una vez más Dios afirma la integridad de Job con respecto a los pecados de comisión.  Dios no está para castigarlo por algún defecto no conocido. En gracia lo declara íntegro, es decir, completo, no faltante en nada por tratar como pecado no confesado.  Considerando nosotros que Job vivía miles años antes de la Cruz su espiritualidad es un poderoso testimonio algo semejante al de Enoc: "y caminó Enoc con Dios  . . .  Caminó, pues, Enoc, con Dios, y desapareció porque le llevó Dios" (Gen. 5:22,23).  Esto es evidencia que el andar con Dios no es cosa moderna; no depende  tanto del conocimiento histórica o doctrinal sino que depende de un andar por fe en plena dependencia de Dios. Así los héroes de Hebreos 11.

Otra vez Satanás admite implícitamente que no podía hacer nada más de lo que Dios le permitía. Con el mismo sarcasmo: "Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia" (2: 4, 5).  Otra vez "arrojó el guante" y Dios está dispuesto a librar batalla en el segundo "round."  Dios le permite más espacio para aplastar la fe de Job. "He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida" (2:6).  Una vez más esto tiene más que ver con Dios que con Job quien no sabía absolutamente nada de esta entrevista en el cielo.  Pobre Job, abierta a un ataque diabólico sin saber que el nombre y la reputación de Dios estaba en tela de duda. Pero con Dios no hay riesgo. 

La gracia bastará para Job como para con Pablo al oír siglos después: "Y me ha dicho: Basta mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Cor. 12: 9).  Responde Pablo como al final respondió Job: "Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en mis debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Cor. 12:10). Éste es el Mensaje de la Cruz, vivida finalmente en Job después de su quebrantamiento (Job 42: 1-6) y en Pablo que tuvo el privilegio de vivir después de la cruz y haber oído el Mensaje de la Cruz en toda su plenitud.  Pero otra vez, no depende de la cantidad de doctrina y saber ni  de la época en que se vive, sino en la respuesta de la fe y la sumisión a la gracia de Dios.

            B.  Satanás salió para darle el "tiro de gracia." "E hirió a Job de una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza." Además su ayuda idónea le reprochó con el mal consejo: "¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete?" (2: 7, 9). ¡Qué consejo tan frío y cruel!  ¿Qué más le pudiera pasar de malo?  Job, sin posesiones, evidencias de la aprobación de Dios, sin hijos, fruto de su cuerpo, la pérdida de la salud en forma desastrosa y ahora sin el confort y la comprensión de la esposa.

Difícil nos es creer la reacción tan sumisa de Job ante tantos golpazos que venían desde el cielo sin que él supiera la razón divina. Pero con Dios hubo propósito benigno final. Eso sí sabemos bien, conociendo nosotros el fin del drama. Pero para el pobre Job en la tierra sólo recibía los golpes como si Dios lo hubiese abandonado sin causa alguna.  No podemos hacer demasiado en hincapié que Job no podía adivinar el por qué divino. Pero Dios había puesto su nombre, su gracia y su amor en la línea ante Satanás; sólo Dios sabía lo que sería el bendito fin. Job no tenía ninguna ancla, menos la de la fe que a veces se le oscurecía y a veces le salía para sostenerle. Pronto vamos a caminar con Job por la Vía Dolorosa en sus sufrimientos ( Job 3 – 37). A muy pocos hombres les ha pedido Dios lo que le pidió a Job. Sólo a su propio hijo le exigía más quien saldría triunfante en la batalla por nuestras almas. "El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Rom. 8: 32).

Termina el "round dos" con la respuesta de Job a su esposa: "¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios" (2:10). Todo está puesto para el resto del libro, la visita de los tres "amigos," las acusaciones y las recriminaciones que le hacían y a las cuales respondió Job con mucha justicia propia.  Entretanto Dios lo escucha todo. No se aparece más a Satanás; es cuestión de Job ante sus "amigos" y por fin, ante Dios quien lo reduce para poder bendecirlo doblemente.

111.  Las verdades por aprender en el drama de Job ante su Dios

1.       Es Dios que inició esta prueba con un fin de bendecir a su buen siervo, Job

2.       Dios pone límite a Satanás quien no puede sin permiso y propósito de Dios

3.       Job no había cometido ningún pecado de comisión. Estuvo bien con Dios

4.       La prueba dura no implica necesariamente el castigo por ningún pecado

5.       Job pasó los dos primeros "rounds," pero quedaba lo que Dios quiso más tocar, el mismo «yo», la justicia propia de Job.

6.       Dios desea sobre todo nuestra conformidad a sí mismo; el quebrantamiento del «yo» nos conduce a la verdadera santidad. Es la Vía Dolorosa de la Cruz.

G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande
Septiembre 17, 2006