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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

LA HISTORIA DE JOB EN MARCHA HACIA LA BENDICIÓN FINAL  (3)

POR AHORA ESTÁ SUMIDO EN EL CRISOL DE LA PRUEBA

Job 3 – 9

G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande
Edinburg, Texas

Introducción

Confieso que estos estudios en Job sólo serán de plena bendición a quienes han pasado o pasan las pruebas grandes bajo la poderosa mano de Dios. "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo" (1 Pedro 5:6). Estos estudios no son para los auto-suficientes.

En los primeros dos estudios hemos visto a Job en capítulo 1 y 2 en puro triunfo sobre los dos ataques feroces de Satanás.  Sin embargo, nuestro punto de vista no gira alrededor ni de Job ni mucho menos de Satanás sino que lo gira todo alrededor de la iniciativa divina que permitió que el agente de Dios, el diablo, lanzara los ataques en el primer instante. Pero la misma gracia iba a guardar a Job por la larga trayectoria de la prueba. Dios "se arriesgó," por así decirlo, pero no quedará en duda la bendición final y el perfeccionamiento de Job, tal "hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" (1:1, 8: 2:3).  El triunfo de Job hasta este punto ha sido asombroso. "Desnudo salí de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno" (1:21,22). Después del segundo 'round' dijo lo mismo: "¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios" (2:10).

Pero y es un gran "pero."  Sólo ha empezado la larga prueba y veremos otro lado de este Job, pero nunca debemos perder de vista que el Gran Cirujano está interviniendo quirúrgicamente en Job para producir el quebrantamiento del orgullo y la humildad. Pero por lo largo de la prueba se verá la justicia propia de Job, aunque él no estaba muy al tanto de ello. 

Por los siguientes largos capítulos desde 3 hasta 37 vamos a ver un clamoroso debate entre los tres amigos y Job y luego el de Job consigo mismo y aun ante Eliu y finalmente ante Dios mismo. Pero Dios lo callará en dos intervenciones y Job se verá a sí mismo tal como Dios en su gracia lo había visto (Job 38, 39 y 40:6-41).  Por lo tanto Dios por haberlo amado tanto le sometió al sufrimiento que tiene su eco en "la participación de sus padecimientos" a la cual Pablo deseaba llegar (Fil. 3:10). La meta de Jesús y Pablo debe ser la nuestra también.

Los Tres amigos de Job  Job 2:11-13

De una fuente inesperada Dios iba a poner a prueba a su siervo Job. Los tres eran amigos bien intencionados pero iban a servir del crisol para Job.  Elifaz temanita era el primero en hablar, habló con franqueza, quizá el mayor. Tal vez se veía más espiritual porque tenía un sueño, "una palabra del Señor" o un fantasma, un encuentro síquico; "Y al pasar un espíritu por delante de mí, hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo" (4: 12-16), algo muy cuestionable en sí. Después seguía Bildad suhita quien habla menos y con cierta reserva y hasta ternura. Zofar naamatita parecía ser el mayor de edad porque ponía mucho énfasis en la sabiduría de la tradición.  Habla con más aspereza, no mostrando hacia Job el debido respeto.

En estos tres vemos tres tipos de personas que hablan por Dios a Job, según ellos  Hay los que usan un gran experiencia que les da una mayor autoridad que la Palabra de Dios; otros usan un acercamiento más suave pero erróneo y finalmente hay los que se basan en la tradición y la edad.  Pero sólo lo que dice Dios en su Palabra trae liberación y victoria.

Los tres allegados vinieron con el fin de "condolerse de él y para consolarle" (2:11), lo cual no lograron hacer. "Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían su dolor era muy grande" (2:12,13).

No debemos culparlos porque según la costumbre del oriente mostraban su debido dolor. Pero al empezar a hablar es evidente que habían formado ya sus conclusiones.  Al ver a su respetado amigo en tal situación, según ellos, él debió haber cometido unos pecados muy grandes. Sólo la magnitud de sus pecados pudo dejarle en tal triste e infeliz situación. ¡Qué fácil es prejuzgar los tratos de Dios! ¡Equivocados estamos ante los propósitos de la gracia divina frente a lo inesperado!  Dios  ha escogido a los tres para ser en sus manos divinos instrumentos para sacar a luz la justicia propia de Job. Al final del libro, sin embargo, Dios pone la cosa en debida perspectiva: "Jehová dijo a Elifaz temanita: 'Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job'" (42:7).

La Endecha de Job  Job. 3

"Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día" (3:1) No maldijo a Dios como el diablo había sugerido que haría (1:11; 2:5)  Antes de juzgar mal a Job, ponte en su lugar: había venido caminando con Dios, no consciente de ningún pecado abierto, habiendo sacrificado ofrendas en defensa de sus hijos, no sabiendo nada del diálogo entre Dios y Satanás, ahora con el colapso de sus fortunas, la crítica de su esposa y la pérdida total de su salud. En todo esto había mantenido callada su lengua y ahora tiene siete días de aguantar lo no descriptible.  Podemos justificar en parte sus reacciones tan humanas frente a estas circunstancias.  Dios las aguanta hasta muy al final. ¡Qué paciente es Dios con nuestras quejas!  "Como padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo" (Sal. 103:13,14).

Debemos tomar muy en cuenta que Job no tenía como nosotros hoy día la verdad de la resurrección, la seguridad de una vida de felicidad después de la muerte del creyente.  No había habido la resurrección de Cristo. Le parecía que más vale morir, aun no haber nunca nacido. De manera plena describe su tristeza. En capítulo 3, cuento lo siguiente: quince deseos no realizados (3-10); cinco preguntas no contestadas que hubieran sido preferibles (11-19); dos preguntas más sin ningún alivio.

Job cuestiona la lógica de la vida, la alegría de un bebé que nace para tal mala suerte, sugiere la preferencia hacia no nacer nunca y el alivio que la muerte debe traer a los infelices o fuese reyes o bebés.  Terminan por cuestionar - no maldecir a Dios -  la providencia en la cual había creído y gozado. "¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por dónde ha de ir, y a quien Dios ha encerrado?" (23). Con la elocuencia de la poesía hebrea, Job no pudo menos que poner sus interrogaciones ante Dios. Dios lo oía, pero no le hablaría hasta muy tarde cuando el quebrantamiento hubiera hecho su obra profunda en Job.  Job aún tenía mucho más que sufrir y por ende desaprender de sí. Éste es el proceso de la Cruz, la vía dolorosa.

Elifaz y Job – el primer encuentro  Job 4 – 7

Es imposible en el espacio limitado trazar las muchas indirectas que Elifaz lanzaba contra Job. Empieza por decir algo muy doloroso: "He aquí, tú enseñabas a muchos, y fortalecías las manos  débiles . . . mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas" (4:3-5). Puedes dar los consejos, pero no puedes recibirlos.  Da principio con el argumento básico: "Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dóonde han sido destruidos los rectos? Como he visto, los que aran iniquidad y siembran  injuria, la siegan" (4:7, 8).Entre estas líneas: Lo eres tú, Job, dice Elifaz.

Luego sigue el origen de su dizque acusación.  Dice Elifaz: tuve una experiencia con un espíritu o fantasma que hizo hincapié en esta acusación indirecta pero cortante: "¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será más limpio que el que lo hizo? Elifaz afirma que Job tiene que haber pecado grandemente.  En capítulo 5, lo llama de una manera u otra: necio (2), codicioso (3), hasta los hijos de Job murieron por su pecado y por ende los sacrificios de Job no valían. ¡Qué golpe para el pobre Job, ya sintiendo fuertemente la pérdida de los hijos!

Luego en 5: 8 - 27, Elifaz da buen consejo con respecto a Dios y a quienes lo buscan. Es cierto pero aquí viene sobre la premisa falsa que Job había pecado grandemente ante Dios. "Ciertamente yo buscaría a Dios y encomendaría a él mi causa" (8). Elifaz viene describiendo como Dios "pone a los humildes en altura y a los enlutados levanta a seguridad" (11).  Hasta dice: He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por lo tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso (citado en Heb.12:5-6). A tal hombre que busca a Dios y acepta su castigo, Dios lo levantará; el resto del capítulo 5 describe la tranquilidad de la casa y las múltiples bendiciones que Dios enviaría a tal que busca a Dios. Como si el pobre Job necesitara tal consejo, porque ni sabía de ningún pecado ni mal que había cometido.  Buena verdad sí, pero mal aplicada a Job, la que sólo aumentaba su dolor y confusión. Nos duele muchísimo cuando otros impugnan nuestro andar con el Señor. Debió haberse sentido muy ofendido Job.

¿Cómo responde Job en capítulo 6 y 7? Responde con un grito de desesperación y acusación: "¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! Porque pesarían ahora más que la arena del mar;  por eso mis palabras han sido precipitadas porque las saetas del Todopoderoso están en mí" (6:1-4). Job dice: Tal es mi tormento que tengo todo el derecho de gritar y dejar salir palabras precipitadas como el asno gime junto a la hierba y muge el buey junto a su pastos (5). Sigue Job diciendo "¡Quien me diera que viniese mi petición y que me otorgase Dios lo que anhelo" (8).  Será el tema frecuente de Job, sintiéndose separado de Dios y no capaz de recibir una audiencia con Dios. Job justifica sus quejas ante su amigo y ante Dios.

Job se vuelve a sus amigos y dice:"pero mis hermanos me traicionaron como un torrente; pasan como corrientes impetuosas." (15). Como los caminantes del desierto al ver un espejismo, al llegar quedan desilusionados. "Ahora ciertamente como ellas sois vosotros (21) . . . Libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos? Enseñadme y yo callaré; Hacedme entender en qué errado" (23,24).  Ésta es la primera vez que ha habido una alusión a Satanás.  Bien pudiera haber sabido Job de su enemigo que se ponía en contra de él a cada rato. Desea liberación.  Sigue reprochando a sus amigos por su censura que hace que sus palabra sean las "de un desesperado y que son como el viento." (26)  Job justifica su enojo para con ellos. Y los compara con quienes se lanzan sobre el huérfano y que cavan un hoyo para su amigo (27) – fuerte ironía de la boca de ese «hombre perfecto y recto»"

En Job 7 Job discurre sobre la brevedad de la vida. "¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los días del jornalero?" (1).  "Acuérdate que mi vida es un soplo" (7). De nuevo anhela morir y dejar atrás sus temores y ansiedad. Pero de repente Job dice algo imprudente.  En vista de sus problemas se justifica: "Por tanto no refrenaré  mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu y me quejaré con la amargura de mi alma. ¿Soy yo el mar, o un monstruo marino, para me pongas guarda" (11-12). En la angustia de su alma reflexiona en voz  alta: "¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él su corazón y lo visites todas las mañanas y todos los momentos lo pruebes? ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva? Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, Oh Guarda de los hombres? ¿Porqué me pones por blanco tuyo?" (17-20). Éstas son palabras indebidas delante de Dios. Dios está sondeando el mal que está en Job, aunque no lo sepa. Acusa a Dios de semejante crueldad como si fuera un guarda con mala intención.

Al terminar el primer encuentro con Elifaz habla Job menos con su amigo y mucho más con Dios, preguntándole, rogándole y casi acusándole de haberle puesto por blanco de las flechas de Dios. Habla Job en el calor de su espíritu, con sarcasmo, desafío y rechazo de las alegaciones de Elifaz.  Pero lo que más le preocupa es el silencio de Dios, no poder presentar ante él su causa. De vez en cuando cae en el pesimismo y desea la muerte.  Pero en otras ocasiones se levanta en defensa de su justicia.  Dios no le responde porque Job tiene que ser reducido más. Entonces entenderá  la intervención de Dios por venir.

Bildad y Job, - primer encuentro  Job. 8 -10

El segundo amigo como el primero ve a Job como pecador y lo reprende por las palabras justificadoras. "¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso? (8:1). Bildad apela a la justicia de Dios y como Elifaz usa esa palabra «si», un palabra que crea toda clase de duda.  "Si tus hijos pecaron contra él, él los echó en el lugar de su pecado. Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso;  Si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti y hará prosperar la morada de tu justicia" (8:6,7).  Una vez más hay la indirecta sobre los hijos ya juzgados como pecadores. Bildad apela a la sabiduría de los ancianos como si tuviese la última palabra para pobre Job. Termina por decir: "He aquí Dios no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos. Aún llenará tu boca de risa, tus labios de júbilo. Los que te aborrecen serán vestidos de confusión; y la habitación de los impíos perecerá" (20-22). Otra vez la verdad está dicha, pero no le corresponde a Job en su crisol de sufrimientos.

Job responde con "Eso sí lo sé" (9:2). Dios es grande y santo (9:5-11). "¿Quién le dirá;¿Qué haces? (12).Pero Job empieza a reprochar a Dios en  su ignorancia de la realidad.  No lo denuncia como Satanás había dicho, pero se acerca peligrosamente impugnando la justicia de Dios. "Si yo le invocara, y  él me respondiese, aún no creeré, que haya escuchado mi voz.  Porque me ha quebrantado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa. No me ha concedido que tome aliento, sino que me ha llenado de amarguras" (16-18).  La boca de Job revela una hondura de amargura, la carne se ve tomando control del pobre Job. Ve a Dios como su enemigo.  Dios no puede dejar pasar este ataque, como si Dios le hubiera quebrantado sin causa.  Es cierto que no había causa patente y abierta, pero Dios veía una profundidad de orgullo personal y su justicia propia. Job lo ignoraba, pero no podría tolerar aquello Dios en su siervo Job.

Pero Job sigue por este rumbo peligroso de acusar a Dios. "Si fuese íntegro, no haría caso de mi mismo, despreciaría mi vida." (21). Ahora Job dice lo peor de las palabras precipitadas: "Una cosa resta que yo diga: al perfecto y al impío Él los consume. Si azote mata de repente, se ríe del sufrimiento de los inocentes, La tierra es entregada en manos de los impíos. Y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?" (21-24).  Éstas son palabras atrevidas. Job en su dilema deja correr sus palabras y acusa a Dios de gozarse y hasta reírse cuando los inocentes sufren. Job se veía inocente, aunque no lo fuera ante Dios. Por fin dice, si no es Dios quién es injusto, ¿quién más pudiera ser?

Este momento es el nadir, el punto ínfimo, de la trayectoria de Job. No es el fin, sin embargo, porque Dios aguanta las necias palabras nuestras y manifiesta su paciencia, porque veía el corazón de Job. Sus palabras salieron de la carne, del viejo hombre.  Reconozcamos que Job es polvo, somos polvo y decimos cosas en el calor del horno que nos descubren. Pero Dios en gracia sigue obrando en nosotros. No culpemos a Job porque ¿quién de nosotros ha dicho cosas semejantes y después se ha arrepentido?  Y Dios nos perdona y nos levanta.

Dejemos a Job en el pozo de la confusión, en el crisol de la prueba. Pero ¿qué nos corresponde sacar de todo esto?

Lecciones por conocer en la vida nuestra

1.                   Dios es soberano en prepararnos para la prueba – envía a los amigos en quienes  hubiéramos confiado pero nos decepcionan. Más agudo es el dolor, pero Dios nos lo mide.

2.                   Puede haber mucha verdad buena pero mal aplicada a la persona. No es problema de la verdad; es problema de la razón nuestra en base de dizque experiencia, tradiciones del pasado o la rudeza del trato que sobre todo Dios permite.

3.                    El creyente no es exento al sufrimiento porque es la única manera de desaprender lo viejo y someternos incondicionalmente a Dios.

4.                   La prueba no es evidencia de haber pecado, pero siempre revela áreas de la vida que Dios quiere tocar y cambiar y luego bendecir.

5.                   Job es capaz de cuestionar a Dios y hasta acusarle de la injusticia. Tal es el problema profundo del creyente que anda según la carne. Pero Dios nos ama demasiado para dejarnos en nuestra miseria.  Traerá victoria en su tiempo.

G. Ernesto Johnson
28 de noviembre de 2006

PD  Admito que El Libro de Job (The Book of Job) por Jessie Penn-lewis me ha sido una gran bendición y debo bastante a la autora que Dios usó grandemente en el avivamiento de Gales en 1905.