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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

LA HISTORIA DE JOB EN MARCHA HACIA LA BENDICIÓN FINAL  (5)

JOB SE DEFIENDE, PERO ELIÚ LE ACONSEJA MEJOR

Job 24 -37

G. Ernesto Johnson
Río Grande Bible Institute
Edinburg, Texas

Introducción

Vale la pena volver a ver a Job en su victoria inicial en Job 1 y 2. Luego el peso crudo de la prueba llega a tal grado que respira una agonía increíble. Lo humano sale a pesar del origen divino de la prueba.  Pero todo el propósito de Dios queda bien escondido del pobre (Job 3).  La llegada de los tres “amigos” con su sincera carga por él agudiza la prueba, porque traen un análisis totalmente fuera del juicio divino Los tres ciclos de sus “consejos” equivocados se hacen cada vez más fuertes y directos. Job no falta nunca en su propia defensa y su derecho de mantener su integridad ante Dios: ciclo uno con Elifaz, Bildad y Zofar (Job 4-14); segundo ciclo con Elifaz, Bildad y Zofar (Job 15-21) y el tercer ciclo con Elifaz y Bildad, ya no Zofar (Job 22-25). En fin, los diálogos terminan en acusaciones y contra acusaciones con alegaciones muy fuera de la reconocida integridad de Job; Job usa de sarcasmo y cinismo contra ellos y a veces se dirige aun contra Dios mismo.  Job revela en todo esto la fragilidad humana y las áreas de la complacencia personal y orgullo. Es esto que Dios va tocado cada vez más fuertemente. Tras esto va Dios en pos.

Job da una vuelta nostálgica al pasado y en efecto culpa a Dios   Job 29 – 40

En estos ciclos Job y sus “amigos” van empatados; nadie gana nada.  Job no niega a Dios pero a veces se acerca peligrosamente a ello.  Pero contra Job las alegaciones de los tres llegan a ser más crudas y recias. Job responde de la misma manera, lleno de palabras de defensa personal. Por fin Zofar, el más directo de los tres, no responde por última vez. Se dio por vencido ante la terquedad de Job y su manera de pensar. Bildad termina su acortada respuesta con una indirecta: “¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?” (Job. 25:6). Es el punto ínfimo del debate.

Pero Job todavía tiene mucho que decir. Responde en los próximos capítulos con bastantes palabras, pero que no llega al grano de su problema. Job proclama la soberanía de Dios (Job 26); describe el castigo de los malos (Job 27) y el hombre en busca de la sabiduría (Job 28). Sí que termina bien con la conclusión: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” palabras muy sapienciales.

En los siguientes tres capítulos Job recuerda con nostalgia los días mejores en los cuales él era el centro de la casa, la familia, la sociedad y su mundo. Tras estas remembranzas hay la sutil queja contra Dios quien le ha quebrantado. Implícito en este largo cuento es una acusación que Dios no le ha sido justo ni fiel. Queda no dicho pero Job no está contento ni acepta por fe lo que Dios le preparará su futuro bien. Dios reconoce ese pensar y tendrá que tratar con Job y está a punto de hacerlo.

Es evidente que Job quiere volver a los días en los cuales Dios le era bueno. Ahora Dios le es otro. Tras esto queda el «YO» de Job. Al recordar él el pasado, reflexiona sobre el presente y defiende su propia justicia; se descubre a sí mismo a Dios y a todo el mundo. En los tres capítulo cuento unas 210 referencias al«YO»; yo, me, mí, mi, la flexión del verbo, etc.  En Job 29 con un mirada retrospectiva hay 52; en Job 30 una mirada al presente 62; en la defensa de su integridad  96 referencias en Job 31.  Esto nos recuerda Romanos 7 y las 40 referencias de Pablo al «YO». Basta decir que todo esto no impresionaba a Dios. Fue precisamente aquello que Dios le iba a tocar.

El orgullo de Job reflejado en el pasado Job 29.

Veamos la evidencia que Job nos da. “Quién me volviese como en los meses pasados, como en los días en que Dios me guardaba, cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara, a cuya luz yo caminaba en la oscuridad” (Job 29:1-3).  Implícito en esto, Job dice que antes Dios me era bueno y ahora lo es; tal acusación no es nada ligero. Sigue diciendo que antes Dios guardaba a su familia, que se lavaba sus pies con leche y “la piedra me derramaba ríos de aceite” (6). Los principales no hablaban en su presencia; él tenía la última palabra (9,10). Hablaba de la preeminencia que tenía ante los pobres, los huérfanos, las viudas (12,13). “Yo era ojos a los ciegos y pies al cojo” (15). Todo el mundo, los pobres y oprimidos lo buscaban y los rescataba. Anticipaba morir en tal posición de honor. “Mi honra se renovaba en mí, mi arco se fortalecía en mi mano . . . Calificaba yo el camino de ellos, y me sentaba entre ellos como el jefe; y moraba como rey en el ejército, como el que consuela a los que lloran” (20,25).  Todo esto es verdad pero también puro orgullo. Se veía como juez, proveedor y rey. Dios no puede aguantar oír: “Yo era un gran cosa.”  En éste Job hace 52 referencias a sí mismo.

La lástima para sí de Job en el presente momento injusto  Job. 30

¡Qué agudo contraste  es la situación presente en la cual Dios le ha abandonado!  Fácil decir o pensarlo pero no era nada cierto. “Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, a cuyos padres ya desdeñara poner con los perros de mi ganado” (30:1).  Esto es bien fuerte y revela la superioridad moral innata que tenía bajo la máscara de la justicia. Sigue Job describiendo la bajeza de estos jóvenes y sus padres como la escoria del mundo. “Hijos de viles, y hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra” (8).

Luego se echa a quejarse de la actualidad. “Y ahora yo soy objeto de su burla, y les sirvo de refrán, me abominan, se alejan de mí” (9,10). Pero lo peor es que dice: “Porque Dios desató mi cuerda, y me afligió, por eso se desenfrenaron delante de mi rostro” (11).  Describe su mala salud y la desesperación que siente. Agrega: “Clamo a ti, y no me oyes: me presento, y no me atiendes. Te has vuelto cruel para mí; con el poder de tu mano me persigues” (20-21).  Job termina diciendo: “Se ha cambiado mi arpa en luto, y mi flauta en voz de lamentadores” (31).  En éste Job hace 62 referencias a sí mismo.

Éstas son serias reclamaciones contra Dios. Claro la situación de Job era pésima y no veía ninguna esperanza, pero Dios lo atendía y sabía que habría mucho más trabajo que hacer en Job antes de que pudiese bendecirle doblemente.  Ésta era la vía dolorosa, la vía de la cruz.  Jesús, el hijo de Dios, la iba a caminar por la vía dolorosa con un espíritu de toda resignación y obediencia. “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.  Padre, glorifica tu nombre” Juan 12: 27, 28).  En realidad Dios le permite a Job entrar en los pasos del Crucificado. Nos da el mismo privilegio a quienes lo siguen en la fe y la obediencia. ¡Ojalá que reconozcamos los tratos de nuestro amado Dios por la vida crucificada!

La firme defensa de la integridad de Job ante Dios  Job 31

Es más largo este capítulo que los dos anteriores (29 y 30). Se debe leer con mucho esmero porque en cierto sentido este capítulo sí habla de Job y su integridad exterior. Era indiscutible ante toda clase de persona y problema. Dios lo sabía y al fin de cuentas aprueba a Job en Job 42:7. Pero la profundidad en Job de una justicia propia no podía aguantar Dios. Tendría que reducir a Job aun más y lo haría por el bienestar espiritual de Job y su nuevo arranque.

Aquí hay honestidad y compromiso. 

·         En una serie de votos y recuerdos defiende su pureza de ojos: “Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (31:1-4).

·         En 5-8 atestigua su honestidad, nada de mentira ni deshonestidad en sus tratos.

·         En 9-15 afirma su fidelidad a su mujer, trato puro de sus siervos y siervas, no aprovechando para nada su bien.

  • En 16-23 defiende su trato del pobre tan frecuentemente abusado por lo ricos. Era justo para con los huérfanos. “No comí mi bocado solo” (17).
  • En 24-28 no confiaba nada en sus riquezas. Si hubiera hecho semejante cosa en esta larga lista de tentaciones “hubiera negado al Dios soberano” (28).
  • En 29–40 Job termina sus votos y desafíos a quienes le acusasen.  No se regocijó  en la calamidad de sus enemigos, no encubrí sus transgresiones (33).

Termina con ese reto: “¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí. Aunque mi adversario me forme proceso . . . Yo le contaría el número de mis pasos y como príncipe me presentaría ante él” (35 -37). Son palabras fuertes y desafiantes. Termina por decir: si así fuera de otra manera: “que en lugar de trigo me nazcan abrojos y espinos en lugar de cebada” (40). Luego las palabras por esperar: Aquí terminan las palabras de Job.”

 No oiremos más de Job hasta las profundas confesiones de su quebrantamiento. Pero todavía le queda más verdad por oír de parte de Eliú y, sobre todo, quien tiene la palabra final, Dios mismo. En éste Job hace 96 referencias a sí mismo.

La intervención de Eliú quien habla con más sabiduría  Job.32 -37

Después del fracaso de los tres amigos de Job, Eliú entra en diálogo con Job. Su acercamiento es modesto, respetuoso, habiendo oído todo lo dicho anteriormente.  A la vez se daba cuenta del mal de Job al defenderse con tanto ímpetu (32:2).  Pero de igual manera no estaba de acuerdo de los amigos (3). Por ser más joven de los demás, se había restringido (6).  Todo este capítulo se dedica a su acercamiento equilibrado y humilde. Reprende a los amigos (11-14) y explica porque no intervino, pero ya es el momento de hablar por Dios (15-22).  Hablará la verdad. Tan marcada diferencia de entrada promete mucho.  Eliú es de otra fuente prometedora. 

En Job 33 Eliú se dirige a Job. Note su respeto y humildad, pero a la vez la confianza que hablar por Dios. “Por tanto, Job, oye ahora mis razones . . . El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (1,4).  Le reta a Job: “ordena tus palabras, ponte en pie. Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho; de barro fue yo también formado” (5,6).  Al reprender a Job, Eliú cita las mismas palabras de Job que oyó él; “Yo soy limpio y sin defecto; Soy inocente, y no hay maldad en mí. He aquí que él  (Dios) buscó reproches en mí, y me tiene por su enemigo; Puso mis pies en el cepo, y vigiló todas mis sendas.” (9-11). Eliú no le acusa sino que sólo repite las mismas alegaciones de Job contra Dios.

Con una franqueza directa pero respetuosa reprende a Job. En esto anticipa el mismo mensaje de Dios más adelante en Job 38:1-3. “Fieles son las heridas del que ama” (Prov. 27:6). La verdad tiene que ser dicha, afrontada. “He aquí, en esto no has hablado justamente; Yo te responderé que mayor es Dios que el hombre? ¿Por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones” (12-13). Esto es precisamente lo que Job entendería después de oír la respuesta final de Dios. No nos toca exigirle a Dios ninguna razón. La criatura no pone en tela de juicio nunca al Creador.

Eliú nos descubre el camino de la Cruz a manera del Antiguo Testamento Job 33:14-33

Ahora sigue en la boca de Eliú una porción casi sin par en el Antiguo Testamento.  Dios sí que trata con el suyo en dos maneras: 1). por visión, por sueño (muy aplicable al A.T., no tanto al NT ya que tenemos en la mano la Palabra de Dios).  En breves palabras Dios es comunicador por excelencia (33:14-18) Es decir, Dios por el Espíritu comunica con el espíritu del hombre. La otra manera es  2). por la disciplina, la enfermedad, los golpes (33:19-22). Si no lo oímos por su Palabra nos comunica con la prueba tal como Dios hizo a Job en Job 1 y 2. Dios venía hablando pero Job no podía comprenderlo por fe. Se requería primero un quebrantamiento del «YO». Dios en su misericordia estaba dispuesto a darle golpe que le traería una revelación más profunda de su amor y su carácter santo.

La meta final de Dios en comunicar con el hombre es precisa y aquí está la clave de todo el libro de Job: “entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia.” Esta verdad es el  eje mismo del libro y de toda la obra de la Cruz en nuestras vidas. El cáncer del ser humano es su apegar a su obra, lo que hace y quiere hacer y tras tal obra es la dinámica del orgullo, el pecado original de Satanás y de Adán y Eva. Es el mismo pecado que nos atiende en todo momento que la Cruz de Cristo no nos lo cancela. El orgullo se manifiesta en la injusticia (Romanos 1:18-32) y la justicia propia (Romanos 2:1-29).  Dios anuló esa dinámica en nuestra co-crucifixión con Cristo. “Sabiendo esto que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, rendido nulo, cancelado a fin de de que no sirvamos más al pecado” (Rom. 6:6). Más de esto en el próximo y último estudio.

Lecciones por aprender en el proceso de la prueba

            1. Dios reconoce y apoya la integridad de Job, pero ve lo que no ve Job – una corriente de la justicia propia y lo ama de tal manera que se mueva a tratar con ella.

            2. Dios es motivado no por hacernos sufrir sino para producir en nosotros esa conformidad de su propio corazón. Nada más vale.

            3. Dios no queda impresionado por el largo relato de las buenas obras de Job (29) ni el lamento de su actual situación (30) ni los votos de su justicia propia (31). No se cuentan las 220 referencia que Job hace a sí mismo.

            4.  Dios no puede tolerar el orgullo y nuestro apego aun a nuestro largo servicio en nombre de él.  Sólo un corazón contrito y humilde le complace. Isaías 57:15

            5.  Dios responde a la fe del suyo cuando acepta la actualidad de la mano de Dios, no importando lo inescrutable que pueda ser. Quejarse del presente es levantar la mano en contra de Dios. 

            6.  Eliú dio su mensaje con el respeto, modestia que correspondía a uno más joven pero a la vez habló “la verdad en amor.”

            7.   Pero sólo la voz de Dios va a quebrantar el corazón del suyo y eso viene. Dios viene preparando a Job para tal encuentro. Será por la gracia de Dios y la fe que abraza la providencia de Dios. Así resulta la bendición abundante final.

G. Ernesto Johnson
Rio Grande Bible Institute
Diciembre 20, 2007