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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

Los triunfos de la Gracia en la Vida de José  (3)

Génesis 40-43

Los tratos más profundos de Dios con los Santos del Antiguo Testamento

Introducción

            En el primer estudio vimos que Dios en su gracia soberana le dio unos sueños a José, sueños que le revelaban un plan inescrutable.  Tal plan  exigía de parte de José un quebrantamiento inexplicable futuro. Ese quebrantamiento iba a involucrar a José en una serie de pasos para abajo que no podría entender.  Pero Dios sabía a dónde lo llevaba. Cada paso era necesario. El tenía que morir a tales sueños.  Primero muere la visión y Dios la puede resucitar a su tiempo.

En el segundo estudio vimos el plan en desarrollo, todavía incomprensible a José.  Pero en su desarrollo Dios iba haciendo una obra cada vez más profunda en la vida del joven.  De la edad de trece y ahora a la de treinta, desde el pozo seco, la casa de Potifar, la cárcel, hasta el trono. Pero antes de que fuera un trono para José, tendría que morir, morir a sí mismo.  Tal es el Mensaje de la Cruz.

1.         El plan de Dios en marcha después de trece largos años     Gen. 41:1-57

A.      Desde la cárcel hasta el trono en un solo brincazo

Dios sabe sincronizar los eventos que antes nos eran imponderables.  Hace dos años que José hizo el favor a los dos presos, al copero y al panadero. No fue un evento muy grande en sí. ¿Cómo podrían estos dos presos ser los instrumentos de Dios para la elevación del esclavo judio?  Lo más imposible para el hombre viene siendo en las manos de Dios la clave a una vida nueva para José y que impactaría una futura nación.  Pero pasaron dos años: "Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que  . . . ." (Gen.41:10).  Nunca debemos subestimar la maravilla de la providencia de Dios. Ni tampoco debemos interpretar un insignificante evento como nada de valor. 

Pero lo interesante fue que José les hubiera rogado a tales presos que le recordasen en su triste condición en la cárcel, preso aún  pero mayordomo de todo lo de la cárcel.  "Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y saques de mí de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel" (Gen. 40:14,15).  Todo esto era la verdad y le pareció bueno a José pedirles este favorcito.  Pero Dios le permitió al copero que se le olvidase al pobre José.

B.     Pero en el momento oportuno cuando dio la hora divina fue recordado José

Tras el sueño enigmático de  Faraón para el cual no había quien interpretase, le compungió la conciencia al copero: "Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: me acuerdo hoy de mis faltas." (41:9).  Sólo Dios pues moverse con tanta precisión.  Llama Faraón a José quien al oír el doble sueño de las vacas y las espigas respondió con la humildad efectuada en los trece años de andar con Dios para abajo: "Respondió  José a Faraón, diciendo, No está en mí; mi Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón." (41:16).

Como Daniel frente a Nabucodonosor siglos más tarde (Dan.2:27-30; 5:17,18), no había en José nada del orgullo ni confianza en sí.  Y resultó que cuando Dios se mueve, se mueve rapidísimo. Nos impacientamos cuando estamos en la "cárcel" de nuestras circunstancias.  Pero todavía no nos ha llegado la hora para la intervención de Dios. Por eso la vida del creyente es la vida de fe y fidelidad en la "cárcel", sea lo que sea.  Me gusta como Moisés relata la subida tan de repente: "Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón" (41:14).  El creyente debe vivir de tal manera que en dicho momento Dios lo libere para que la gloria total sea de él.

Tal fue la sabiduría de José en no tal sólo interpretar el sueño sino también en dar tan sabio consejo a Faraón cómo manejar la situación política y económica que Faraón lo instaló como el segundo en el mando de todo lo de Egipto. "Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? . . . Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú." (41:38-40). 

Además, los versos que siguen nos dan a entender que le dio su anillo, signo de autoridad; le puso la ropa correspondiente a su alto puesto; lo dejó seguir en el segundo carro y todos doblaban la rodilla a este esclavo judío, reciente preso. Sólo Dios puede exaltar a los suyos que han sido quebrantados y permanecen fieles "en la participación de sus padecimientos" (Fil: 3:10).

Esto es más que una bonita historia. Establece el principio de la Cruz, primero una pérdida, un no amar su propia vida, un rechazo de lástima para sí, y un eterno amén a la voluntad de Dios en los pasos para abajo. Visto aquello, Dios puede en dicho momento oportuno subir a los suyos. En cierto sentido los puede subir porque puede confiar en ellos que no se enorgullecerían ni se independizarían de él en el uso de la autoridad divina. Tiene un corazón libre del orgullo y del mal manejo de tal autoridad.  De esa manera Dios recibe toda la honra y toda la gloria. Ya nos conoce Dios tal como conoció a Abraham después de ofrecido su Isaac: "Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único" (Gen 22:12). El creyente tiene que andar por vía de la cruz y sólo entonces Dios le puede sorprender cuando le complazca y lo glorifique.  Pero la historia de José  sólo está a medio camino  Lo más maravilloso está por desarrollarse delante de nuestros ojos.  Dios propone no tan sólo vindicar a José sino hacer algo mucho más grande: salvar a una nación y darle a Jacob, el suplantor, la mayor bendición de su larga vida. ¡Qué maravilloso es nuestro Dios en orquestar sus planes divinos!

11.       José llega ser un tipo de Cristo al relacionarse con sus hermanos  Gen.42-45

A.       Ahora le toca a José hacer frente al otro lado de la moneda

José les había desafiado a sus hermanos originalmente con esos sueños. No les cayeron bien y eso resultó en la envidia que produjo la traición y los pasos para abajo. Ahora José tendría que hacer frente a ellos cuando menos esperaba aquello.  La gran pregunta sería: ¿cómo los recibiría?  Sin duda no esperaba José tal encuentro.  Pero entretanto Dios venía preparando el corazón de José para recibirlos con el amor de Dios.  Ahora veremos cómo el quebrantamiento produjo en él el espíritu de perdón, de aceptación y de amor. No sale de ninguna teología, ni de ningún acto de la voluntad sino sólo de un andar que venía abrazando de corazón los profundos tratos divinos de Dios.  Hubiera sido tan fácil en dicho momento de usar de la venganza, la recriminación y la justificación del pagarles mal con mal.

B.    Aparte de José y su reacción ante sus hermanos que había de venir, habría el cuadro de Dios tratando con los mismos hermanos tan rudos y crudos como lo eran a José.  Recordamos bien el trasfondo de ellos de odio, celos, envidia, enojo, asesinato y adulterio.  Éstos no eran santos sino al contrario tendrían que hacer frente a esos pecados del pasado.  José como tipo de Cristo en su trato con ellos sería el instrumento de su arrepentimiento.  Al fin de cuentas éstos serían los patriarcas de la nueva nación llamados a ser santos. No tan sólo había obrado Dios en José mismo sino  que lo usaría para que fuese el instrumento de su arrepentimiento sincero.  Dios siempre busca la reconciliación mutua, pero esa reconciliación tiene que estar bien basada en la verdad. Dios tiene los medios para estar logrando múltiples metas, tanto en José como en sus hermanos: tal es su gracia.  Pero veremos como Dios dirigiría a José para convencerles de su mal. En todo esto José no se dejaría llevar por la venganza personal.

C.   Se desarrolla la trama de este encuentro; se ve la mano de Dios 

Empieza la situación económica muy fuera del control de los hermanos y Jacob pero muy en las manos de Dios. Dice Jacob a sus diez  hijos: "He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos" (42:2). Esto fue el segundo años de la escasez según la visión de Faraón.  Jacob, siempre listo para protegerse, no quería perder a su hijo más tierno, Benjamín. "No sea que me acontezca algún desastre" (42:4) La memoria de la pérdida de José quedaba aún en su corazón.

            D.   El proceso lento del arrepentimiento de los hermanos  42: 6-38

Emprenden camino a Egipto tranquilos con un simple asunto de la compra de víveres.  Pero más los esperaba, sus pecados y las consecuencias de ellos. "Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; Y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostros a tierra" (42:6).  Fue un simple acto de reverencia pidiendo un favor grande al extranjero. "José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; más hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? . . .  Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido  . . .  No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos" (42:7-10).  ¿Puedes sentir el drama de tal encuentro?

            Los hermanos en un deseo vano de justificarse empezaron a sacar a luz la triste historia de su familia. "Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece" (42:13). Como Dios trata ásperamente con el pecado, así José sin rencor de corazón, hablando por Dios mismo, los reprendió duramente. Era necesario que sintiesen su mal.  Al decir otro no parece admiten sin darse cuenta de su pecado porque se quedaba siempre en su conciencia. José en cierto sentido juega con ellos, amenazándolos de espías, la cárcel, exigiendo que trajesen al hermano menor, Benjamín, su único hermano de carne por Raquel, la esposa favorita de Jacob.

E.        José les pone el ultimátum: traer a Benjamín o moriréis

Dios usa a José a ponerles en este apuro justo. "Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificados vuestras palabra, no moriréis. Y ellos lo hicieron así" (42:20). Ahora viene la confesión que sólo puede Dios sacar de corazones tan empedernidos. "Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma, cuando nos rogaba, no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia."(21). Rubén los acusó abiertamente de su pecado mutuo: "He aquí también se nos demanda su sangre" (22)  Esto no es nada más que la convicción de Dios a través del trato justo de José, aún habiéndoles perdonado a sus hermanos.  El pecado nunca es una cosita pequeña; siempre trae sus consecuencias  Dios es santo y justo y no  pasa por encima del mal, ni en el más santo ni en el más carnal.

Como evidencia del perdón de José, a pesar de su cara tan fuerte, es lo que sigue: "pero ellos no sabían que los entendía José, porque había un intérprete entre ellos. Y se apartó José de ellos y lloró" (23,24). Pero no era la hora de pasar por alto su pecado. Echó en la cárcel a Simeón, pero en los sacos puso el dinero para darles un recuerdo de su afecto y a la vez un gancho para reprenderlos luego.  Aquí vemos tanto la severidad de Dios como la bondad de Dios (Rom. 11:22).

Es interesante de oír la historia que le dieron a Jacob al regresar. "Y nosotros le dijimos; Somos hombres honrados, nunca fuimos espías. Somos doce hermanos, hijos de nuestro padres; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán" (31,32). Trataron de poner en la mejor luz posible la demanda del egipcio para que trajeran a Benjamín.  Esto hizo agonizar más a Jacob, reviviendo la pérdida de su hijo más amado, José.  Jacob no podría aguantar otra pérdida.

F.   La providencia de Dios se mueve inexorablemente: a Egipto otra vez Gen. 43

Nada ni nadie puede detener la mano de Dios. Iba a sacar un arrepentimiento de los hermanos, darle a José la bendición de perdonar y restaurarlos y reunir a Jacob con su amado hijo, José.  ¡Que bondadoso es Dios,  haciéndolo todo sin perjudicar en nada su justicia!  Juzgará el pecado, producirá en José el corazón de Cristo y bendecirá  a su pueblo.  De golpe Dios lo hará todito.

            Regresan con regalos y doble dinero todo con el fin de aplacar a este egipcio tan duro.  Pero sobre todo, Jacob está ahora dispuesto a soltar a Benjamín; no habría alternativa: "tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y volved a aquel varón. Y el Dios omnipotente os dé misericordia delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo" (43:13,14).  Ésta es la resignación de Jacob juntamente con una confianza en Dios. No se daba cuenta de que se trataría con José mismo. Éste debe ser el humor de Dios.  No tenía nada que temer Jacob; Dios estaba para bendecirlo. AsÍ tampoco tenemos nada que temer cuando andamos en la voluntad de Dios.

Otra sorpresa los espera.  Al llegar son recibidos en la misma casa de José, aunque no comía con ellos porque era una abominación que los egipcios coman con ellos (32).  Al llegar trataron de explicar al mayordomo lo del dinero hallado en los costales y el doble dinero que habían traído.  Pero lejos de ser regañados, dijo el mayordomo  bajo órdenes de José dijo: "Paz a vosotros, no temáis, vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; y recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos" (23).

 Lo curioso fue que se fijaran en que sentados en la mesa real en el justo orden de su edad ( 33). De otra manera ¡cómo pudiera alguien haberlo sabido! Por fin llega José a casa "y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de la casa, y se inclinaron ante él hasta la tierra" (26)  ¡La segunda realización de aquellos sueños!  De nuevo se quedó tan emocionado José que tuvo que salir para hallar lugar para llorar y luego lavarse la cara y regresar.  Más drama continúa, pero el clímax lo veremos en el último estudio.

F.        ¿Qué lecciones nos corresponden?

1.       A su tiempo divino Dios se mueve, no según nuestro horario sino el suyo

2.       Se requiere la fe de parte nuestra. No podemos apresurarnos ni mucho menos a Dios

3.       Hasta el evento más insignificante puede ser el eje que pone en marcha lo divino

4.       Le toca a José serle fiel y constante, a Dios le toca mover las cosas

5.       Ahora hay otro factor. Dios tiene mucho que hacer en los hermanos y usará a José con el medio de convencerles de su mal. Ésta es obra única de Dios

6.       Aun cuando José los trata duro, su corazón está lleno de amor y emoción a favor de los que le hicieron mucho mal. No hay nada de venganza, lejos de ella el perdón.  Ésta es la obra transformadora de la cruz

7.       Sólo la obra de la Cruz en José lo capacita para así recibir a sus hermanos de esta manera sin pasar por alto que Dios tuvo que tratar con sus pecados pasados.

Ernesto Johnson

Rio Grande Bible Institute

28 de septiembre de 2005

(Se puede usar este material quien quiera)