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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

Los triunfos de la Gracia en la Vida de José (4)

Génesis 44-50

Los tratos más profundos de Dios con los Santos del Antiguo Testamento

Ernesto Johnson

Seminario Bíblico Río Grande

Introducción

En los  primeros estudios José aparece como un joven "separado de sus hermanos"(Gen. 49:26), pero con mucho más que aprender y sufrir.  Pero Dios sabe poner en marcha el proceso hacia el triunfo; será al caminata de la Cruz. Con las dos visiones descritas a sus hermanos y a su padre surgieron los celos que conducirían a José a su quebrantamiento: echado en el pozo seco, vendido como esclavo a los Ismaelitas, luego a la casa de Potifar, allí su traición por su integridad moral y empieza sus largos años del anonimato en la cárcel. En todo esto Dios iba calentando el horno de aflicciones.  Pero sobre todo, Jehová estaba con José. ¿Qué más necesitaría José?

La trama se pone más intrigante. La casualidad de la visión del copero, su falla de memoria hasta que tuviera el sueño Faraón, el súbito ascenso de José al ser el segundo tras Faraón mismo, la autoridad dada sobre todo Egipto. Pero allá en Canaán la escasez, dos viajes de los hermanos traicioneros a Egipto para sobrevivir, el encuentro con aquel egipcio duro, el truco de la moneda en los costales, la reprensión dura; el segundo retorno con Benjamín, detalles misteriosos y, sobre todo, un  creciente sentido de su culpa sin saber por qué.  Dios iba quebrantando la dureza de los hermanos traidores 

En todo esto no hay absolutamente nada de la fatalidad, la mala suerte. Dios movía las piezas para conceder el arrepentimiento a los hermanos y recompensar a José y bendecir finalmente a Jacob y tornar a José en tipo de Cristo mismo. ¡Qué maravillosa gracia que culminará en el triunfo soberano del plan original de Dios! Dios sí sabe a dónde va él y a dónde nos lleva.

1.         La última prueba y la confesión del mal perpetuado contra José   Gen. 44

            A.  Dios venía logrando dos propósitos: el quebrantamiento de los hermanos de José y el dar el último toque de gracia a José para con sus hermanos.  Realmente Dios sabe lograr múltiples propósitos al tratar cualquier problema. No debemos nunca juzgar a Dios en base de nuestro limitadísimo conocimiento. Pero lo hacemos tan seguido.  Sobre todo, creo que Dios primero quería sacar de los hermanos de José una verdadera confesión, sintiéndose ellos tan culpables por el pecado escondido y olvidado por tantos años. Sólo Dios al fin de cuentas nos convence del mal nuestro y somos tan tardos y torpes en reconocerlo. Dios usaba a José con su aparente dureza para producir este arrepentimiento en los mismos hermanos.

            Después del banquete dado a los hermanos, se pararon para salir (Gen. 43:34; 44.3).  Pero José tuvo otra "trampa."  No fue trampa en el sentido de engañarlos sino más bien una maniobra que les daría «el tiro de gracia» en cuanto a su pecado por descubrir.  Ya salidos, el mayordomo de José los alcanza en camino y los reprende por haberle robado a su señor la copa de plata (Gen: 44:5-8).  Claro que no fueron culpables de tal robo y se defendieron, pero eran culpables de algo mucho más grande que todavía no admitían. Ellos mismo juraban que en cuyo costal se encontrase la copa, tal moriría (luego en el de Benjamín) y dicen: los demás seríamos tus siervos (44: 9). Se condenaban a sí mismos. De su propia boca venía la confesión.  Pero el mayordomo suavizó la cosa por decir que aquel en cuyo costal se encontrara la copa de plata sería el siervo de José --su propio hermanito querido.

            B.  Judá, el vocero por los hermanos, intercede por Benjamín.  Podemos imaginarnos del «shock» y escándalo que sintieron los demás.  Habiendo despachado mucho antes a su hermano "santucho," ahora estaban para perder al único hijo consentido de Jacob y serían culpables de dos pecados contra su padre ya moribundo."Entonces Judá se acercó a él, y dijo, Ay, señor mío, te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú eres como Faraón" (18).  ¡Qué confesión tan abyecta del vocero por los hermanos!  Sólo Dios puede sacar tal sujeción a José!   Judá no se daba cuenta que él cumplía precisamente la visión original de José. Con una larga y apasionada explicación recuenta el triste pasado: "Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos hijos me dio a luz mi mujer; y el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no lo he visto. Si tomáis también a éste de delante de mí y le acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor al Seol. (27-29).

            Sigue Judá rogándole a José, mostrando una verdadera pasión y amor para con su padre y temiendo la cierta pérdida inminente de Benjamín, recordando a la vez su culpa colectiva para con el otro hermano ya «despedazado» "Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre; . .  . Te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos.  Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre" (32, 34). 

Ya se ve no tan sólo el profundo sentir de culpa de Judá, representante de los demás hermanos culpables, sino también la confesión verbal y su amor hacia y su pena ante su padre Jacob.  Dios ya había llevado a cabo uno de los grandes propósitos de esta larga historia.  Los hermanos estaban humillados y la visión de José realizada, su plan divino vindicado en escoger a José como salvador de su pueblo, y sobre todo, tipo de Cristo mismo.  Sólo le resta ver la conducta de José frente a esta confesión, una expresión sincera del perdón de José tal cual perdona tan libremente Jesús a nosotros.

11.   José, tipo de Cristo, perdona a sus hermanos tal como Cristo a nosotros Gen. 45

A.    Llegó el momento del triunfo del principio de la Cruz --poder perdonar de un corazón puro sin pensar en sí mismo.  El texto habla más elocuentemente que cualquier comentario: "No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: haced salir de mi presencia a todos.  Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.  Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él" (45:1-3). ¿Qué emociones y reacciones habrán inundado el ser de cada uno de ellos?  Están en presencia de su hermano: lo de las visiones, la traición, las mentiras, el suprimir de la conciencia que recientemente les volvían. ¿Qué de su futuro?

Había llegado el momento de la verdad. Toda la vida de José pasó por delante de sí. Lo anticipado ya le llegó, pero tan profunda había sido la obra de la cruz, muriéndose a sí mismo y sus derechos y esta oportunidad perfecta para vengarse de sus hermanos, que no había en José ni el deseo ni  la inclinación de aprovecharse del momento. En cambio José empieza a consolar a los hermanos. Salen  palabras de su boca que no pudieron entender ni creer los hermanos ya arrepentidos. "Ahora no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros . . . Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto. Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de Egipto; ven a mí,  y no te detengas" (5-9).

Lo imposible ya se hizo realidad. Confundidos los hermanos, altamente conmovido, José no pudo más que ver la mano de Dios a través de ese camino tan sinuoso y largo, pero todo se veía con la claridad del mediodía.  La obra del Espíritu Santo en la vida de José resplandece en todo su fulgor.  Ni hubo ni remordimiento ni lamento por sí ni por lo pasado, mucho menos la amargura para con sus hermanos.  Ahora veía el paisaje que antes le desafiaba.  No se hallaba en José el ego, el orgullo. Su posición de «ser padre a Faraón» no significaba nada; más bien poder preservar posteridad a los patriarcas del Israel es lo que valía la pena.  Él era la salvación de su pueblo. Aunque no lo sabía, José había preservado el linaje al Mesías.  Él les dio una gran libración. 

B.    Cuando nos sometemos a la obra de la cruz, anulando el yo nuestro, Dios logra grandísimas cosas.  No podemos nunca valorizar todo lo que Dios está haciendo en nosotros.  Así "si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo, pero si muere, lleva mucho fruto" (Juan 12: 24). Es cierto que tú y yo no seremos a la altura de un José en Egipto, pero en la voluntad de Dios no hay niveles de grandeza.  Cuando Cristo reina en el más humilde siervo de Dios, Dios está glorificado y hemos logrado lo óptimo ante nuestro Dios.

Hay quienes no ven la misma obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento, diciendo que el Espíritu Santo sólo venía y salía de los santos del Antiguo Testamento.  Admito que puede haber una plenitud del Espíritu Santo a través de la iglesia, el cuerpo de Cristo que no vemos en el AT que tiene otro rumbo para Israel, pero no puedo aceptar la inferioridad de la obra de él en los santos, tales como José. Como la doctrina de la Trinidad, la resurrección de los muertos y la morada del Espíritu en el creyente del A T, todas estas doctrinas están implícitas en el AT y explícitas en el NT, porque llegando  Jesús en su encarnación y luego su muerte y resurrección toda la verdad se ha aclarado.    No ceso de ver en el AT los principios del NT.  Diferencias las puede haber, pero no a nivel de la justificación y la santificación. Para mí estas verdades ilustradas están en el AT como las mismísimas verdades reveladas en el NT, tales como la morada del Espíritu Santo, el mensaje de la Cruz, etc. La única diferencia es que son implícitas en el AT y explícitas en el NT.  En el AT vienen en forma de narración, historia y proverbios, y no en forma de doctrina y proposiciones como en el NT. Como dijo Agustín: "El NT está en el AT encubierto y el AT en el NT descubierto."

En el resto de Gen. 45, José se comprometía por proveer abundantemente para sus hermanos, asegurándoles de que no tendrían ningún problema  al regresar y traer a Jacob para vivir bajo su cuidado y protección. Hay una nota chistosa que José les dijo a sus hermanos al prometer cuidarlos de regreso."Y despidió a sus hermanos, y se fueron. Y él les dijo: no riñáis por el camino" (24).  Le dijeron las buenas noticias a Jacob quien dijo: "Basta; José mi hijo vive todavía; Iré, y le veré antes que yo muera" (45:28). En camino de regreso y en Betel, «la casa de Dios», ofreció sacrificios. El Dios de Abraham apareció a Jacob para asegurarle: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre, no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación" (46:3,4).

111.    José participa en la cumbre de la vida de Jacob, triunfo final de padre e hijo Gen. 47-50

           

A.  Tanto Jacob como José realizan el fruto de la voluntad de Dios.  Pocas veces nos enfocamos en la realidad que José le dio a su padre el momento más rico de su vida. Cuando uno triunfa en Cristo, otros comparten en la bendición; no puede ser de otra manera.  Podemos imaginarnos de la satisfacción que le diera a José al presentar a Jacob a Faraón. "También José introdujo a Jacob, su padre y lo presentó delante de Faraón y Jacob bendijo a Faraón" (47:7).  ¡Qué rico el momento cuando el patriarca bendice al hombre más poderoso de los gentiles, primicias del cumplimiento del Pacto de Abraham.  Responde Jacob a Faraón: "Los días de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de mi vida . . . "( 9).  Y lo bendijo otra vez.  Quien hubiera pensado que ese fraudulento suplantor terminaría su vida de esta manera.  Pero no hay límite a lo que Dios puede hacer en transformarnos y usarnos más allá de lo pensado. Nos hace pensar en Ef. 3:20, 21: "Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos, Amén."

`           B.  Pero si vemos la cumbre de Jacob, le queda una bendición más, la bendición de los hijos de José, Manasés y Efraín.  De la manera de los patriarcas del antaño antes de morir, Jacob quiso pasar la bendición de Dios a los suyos.  Una vez más vemos la soberanía de Dios que había actuado en el escogimiento de Jacob en lugar de Esaú.  La historia ha revelado lo sabio de ese escoger, no según la cultura o la tradición sino según la gracia de Dios escogiendo el más joven antes del mayor. Sin poder ver bien Jacob a quien iba a bendecir, Dios guió la mano de Jacob y dio su bendición al Efraín el menor, aunque aun José quiso de otra manera. Pero triunfa siempre la voluntad de Dios (48:14-20).  "Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes, y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra" (15,16).   Para mí es tan interesante que Jacob haya vuelto al encuentro con el Ángel de Jehová con quien luchó en ese encuentro transformador cuando Dios le cambió de carácter y le dio el nombre de Israel (Gen.32: 22-32).  Ése fue el momento preciso de la muerte del viejo Jacob y la resurrección del nuevo Israel.  Desde ese día quedó transformado Jacob, tal que Dios se complace en llamarse el Dios de (Jacob) Israel.

                        C.  Queda un incidente más.  Muerto Jacob, de regreso en Egipto los hermanos tenían temor de que lo de José fue nada más que algo para complacer a su padre. "Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, no nos dará el pago de todo el mal que te hicimos" (50:15).  Llegaron y se postraron ante José: "Henos aquí por siervos tuyos." Responde José en el espíritu de Jesús: "No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo, yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón" (18-21).

            Aquí termina la historia más preciosa. El triunfo de la gracia de Dios tanto en Jacob, tan mentiroso y fraudulento, y en su hijo tan obediente y fiel.  Tanto en uno como en el otro todo era de la pura gracia de Dios.  A Dios sean las gracias y el honor.

Ernesto Johnson                                                                                   

Seminario Bíblico Río Grande                    www.riogrande.edu

Edinburg, Texas 78539                             5 de noviembre de'05