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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

Los triunfos de la Gracia en la vida de Moisés 

Éxodo 1-3

Moisés, el varón de Dios llamado a aprender los caminos de Dios (1)

Los tratos más profundos de Dios con los Santos del antiguo Testamento

Ernesto Johnson
Seminario Bíblico Río Grande

Introducción

Nunca ceso de maravillarme de la gracia de Dios y la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento. Claro que la obra del Espíritu no está tan explícita en el Antiguo como en el Nuevo. Sin embargo, no puede haber ninguna espiritualidad sin el reconocimiento de la presencia del Espíritu Santo en los santos. El libro de los Salmos es otro testimonio vívido de la obra de la gracia de Dios por el Espíritu Santo. Encuentro la verdad o el mensaje de la Cruz en todos los santos de todos los edades. El mismo Dios del Nuevo es el del Antiguo. Como dice Agustín:"Él NuevoTestamento está en el Antiguo latente y el Antiguo en el Nuevo patente." Veámoslo en la vida del Moisés, el gran Caudillo del Antiguo Testamento.

Hemos estudiado en esta serie la vida de Abraham, Jacob, y José.  En todo éstos vemos el principio de la Cruz: el des-aprendizaje de la confianza en la carne y el aprendizaje del los caminos de Jehová, es decir primero para abajo y luego para arriba: un andar por fe y un proceso siempre con resultados bien ciertos. "Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras" (Sal. 103:7). Fíjate en el contraste entre Moisés y los israelitas.

1.         Moisés, el protegido por Dios con grandes planes del liderazgo futuro 

Éxodo 1, 2:1-10

A.  La triste situación de los de Jacob en Egipto.  Sabemos bien la historia.  "Entretanto se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José, y dijo a su pueblo: he aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros" (Ex.1:8, 9).  Ya llegó la hora para que se cumpliese la profecía de Abraham: "Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años, mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo, y después saldrán con gran riqueza" (Gen.15:13, 14).  El reloj de Dios daba la hora y él los sacaría de Egipto y Moisés sería su caudillo.  Pero mucho tendría que aprender, vivir y desaprender antes de que Dios lo pudiera usar como lo quería usar.  Pero Dios haría la obra. Se compromete por entrenar a los suyos. Lo enseñará los caminos de Jehová, primero para abajo y luego para arriba.

            B.  La protección soberana de Dios para con Jocabed y Amran Éx. 2:1-10  Desde la escuela dominical se sabe bien la milagrosa intervención de Dios para con el niño, Moisés.  En todo esto no podemos menos que reconocer el plan y la protección de Dios.  Quizá algunos vamos a pensar que sólo para los grandes héroes de la fe Dios tiene tal plan perfecto. No es así. Dios tiene un plan tan perfecto para cada uno de sus hijos. "Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho . . . Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Cor.12: 7, 11). Claro que el plan de Dios para ti y para mí no será con la misma notoriedad que la de Moisés, pero ante Dios no hay acepción de personas.  Si pudiéramos echar mano de esta preciosa verdad, tendríamos mucho motivo de servir a Dios de todo corazón.  Dios planea nuestra vida con la misma precisión y propósito que la de Moisés.

            Los detalles sobresalen: el odio de los egipcios contra los hijos de Israel, la fe de Jocabed y Amran para arriesgar a la vida de su hijo (merecen un lugar en el capítulo de los héroes de la fe. Heb.11:23); la presencia oportuna de la criada de la reina, la decisión de la reina de entregarlo al custodio de su propia mamá.  Así protegido el niño, crece en el palacio del Faraón mismo. Sólo Dios puede hacer tal buena jugada en tiempos tan peligrosos, haciendo que el mismo Faraón cuidara y le salvará la vida al futuro líder de Israel. "Ciertamente la ira del hombre te alabará; tú reprimirás el resto de las iras" (Sal. 76:10).

          C.  La otra vida de Moisés en el palacio de Faraón.  Es muy significativo que Moisés, el autor inspirado por el Espíritu Santo no diga absolutamente nada sobre tu niñez y su juventud - - los cuarenta años en los círculos más altos del reino de Faraón. Esta omisión llamativa viene en el texto inspirado. Y eso fue durante la época de la mayor fama histórica de Egipto.  De este silencio divino sólo puedo sacar la profunda verdad de que esos años no aportaron a Moisés ninguna herramienta para lograr el propósito divino de su vida, la liberación de su pueblo.  "La carne para nada aprovecha" dice Jesús" (Juan 6:63). Pablo agrega lo mismo: " . . . en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne" (Fil. 3:3). 

Cuántas veces pensamos que un poco más educación, otro título, nos va a capacitar para mejor servir a Dios. ¡Qué ilusión como si la carne, la educción, pudiera de por sí aportarnos lo que nos hace falta!  Nos corresponde sólo lo más espiritual.  Tengo un doctorado que me costaron años de estudio, pero no me "añada a mi estatura un codo" (Mateo 6:27).  No hay nada malo en equiparnos con más conocimiento de las herramientas humanas, pero el gran peligro es que sin el Espíritu de Dios: "el conocimiento envanece, pero el amor edifica" (1 Cor. 8:1). Al considerar más a fondo fue aquello lo que logró Moisés obtener durante esos años que él tuvo que abandonar y desaprender, la confianza en la carne.  Cuarenta anos en Egipto aprendiendo a depender de sí, cuarenta años en el desierto aprendiendo a caminar con Dios en muerte a su auto confianza y luego los cuarenta años de liderazgo espiritual y efectivo.  Más adelante veremos esa verdad en mayor detalle.

11.       El Fracaso rotundo de Moisés al tratar de liberar a su pueblo por los medios carnales.  Éxodo 2: 2-22

            A.  Moisés confiado en sí aboga por el pueblo, pero no era ni el modo ni el tiempo de la liberación. De repente en Éxodo 2:11, el texto se lanza en el primer esfuerzo de Moisés para defender a los suyos. No dice el texto nada de sus ventajas ni privilegios en Egipto; sólo se nos presentó a Moisés como el auto nombrado defensor de ellos. Hay algo de bueno en quererse identificar con sus hermanos, pero su auto confianza y su total ignorancia de cómo Dios los iba a liberar, lo dejó derrotado y confuso en gran manera.  La carne nunca logra lo espiritual. Los detalles de su inútil esfuerzo son interesantes: sale a ver siendo golpeado uno de los israelitas por dicho egipcio; lo mata y lo esconde, lueguito regresa y ve peleándose dos israelitas quienes habían presenciado el previo asesinato del pobre egipcio.  Al reprender a los dos Moisés, le echan en cara esta acusación: "¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros?  ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?" (Ex. 2:14). Lejos de ser bien recibido como el hábil defensor, lo vieron como peor que el egipcio. A lo menos el egipcio sólo lo pegaba y no lo mató.

            Moisés tuvo que fracasar primero para poder dejar seguir a Dios con el proceso de hacerse menguar (Juan 3:30), el proceso de la Cruz.  Moisés se había nombrado, se había llamado y había establecido el horario de la liberación. ¡Qué ironía! Pero tendría que aprender que sólo Dios establece la estrategia y el horario. ¡Liberar a los israelitas por matar a un egipcio por un egipcio no sería el mejor plan! Aprendemos con golpes que a Dios le corresponde la obra, y no a nosotros.

B.  Ante su fracaso no le queda más que huir de Egipto. Ni hubo ni tiempo para inquirir a Jehová. "Ciertamente esto ha sido descubierto" (Ex. 2:14). Además Moisés responde con temor e impetuosa acción, ante una prematura y fracasada liberación, Tarde o temprano sí que se sacaría a luz esta fútil liberación; Moisés se llena de temor, otra señal de la carne.  Así fue la primera reacción de Adán al oír la voz de Jehová en el Huerto de Edén (Gen.3: 7, 8).

            Para hacer la cosa peor, sí que Faraón supo de la traición de su adoptado hijo. Lo peor siempre sigue la acción de la carne. "Oyendo esto Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés, pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián" (Ex. 2:15). Así empieza el auto exilio de Moisés. La primera lección - - la carne no libera de la carne.  Toda la pericia de Moisés en su educación egipcia, toda la confianza  de él en sus medios y su mejor intención no servirían para nada. Pero sí servirían  para el des-aprendizaje de lo humano en la esfera de lo divino. Le quedaban muchas más lecciones por aprender. Pero estaba en camino y eso es progreso.  Dios está trabajando y trabajaría.

            C.  Pero Dios compone algo en la nueva triste vida de Moisés  Ex. 2:16-22.  La maravilla de la gracia de Dios es que sabe tornar nuestros pasos falsos en cierta protección y provisión. No hay en Dios de ninguna manera la disciplina para quebrar nuestro espíritu.  Siempre busca la manera de aliviar nuestro mal y enseñarnos a seguir adelante. "Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres" (Lam.3: 31-33). Cuando tú y yo damos un paso falso, Dios está ahí para acompañarnos con fines de enseñarnos que no nos abandona.  Esto no es  a fin de que presumamos que todo está bien.  Al contrario es para levantar nuestro espíritu caído y darnos nuevas fuerzas.

            Podemos imaginarnos de las emociones y depresión de Moisés, desde el palacio de Egipto hasta sentarse solo junto al pozo en Madián en tierra ajena.  Pero Dios sabía donde estaba y mandó a las siete hijas de Reuel/Jetro (4:18), el sacerdote de Madián.  En la defensa por Moisés de las hijas contra los pastores machistas, resulta la invitación del sacerdote de que viniera Moisés a vivir con tal familia. (2:16-20). Dios le provee un hogar y algún descanso.  Pasándola en Madián, se casa Moisés con Séfora, hija de Jetro y les llega dos hijos (Hechos 7: 29) cuyo nombre del primero nos habla volúmenes de su estado de ánimo. "El primer es Gersón porque dijo: Forastero soy en tierra ajena"  (Ex. 2:22).  Por ahora dejamos a Moisés solo, deprimido y abatido, abandonado sin posible esperanza de defender a su pueblo. Los años pasan y Dios lo pone a prueba.  Éste es el camino de la Cruz pero que va para la bendición futura de Dios.

111.     Pero hay otros relatos de los tratos de Dios con Moisés: Esteban y Hebreos 11

            A.  Nos complace Dios por hacernos correr el telón de la vida interior de Moisés.  Sin esta información no pudiéramos comprender la lucha que debió haber pasado en el corazón de Moisés.  A primera vista lo relatado en Éxodo no nos da ninguna perspectiva de la vida íntima de Moisés con Dios. Pero Dios hacía mucho había empezado a atraer a este gran caudillo hacia sí mismo. Esto me es tan consolador.  A pesar de las contradicciones de la vida de Moisés relatadas en Éxodo, Dios había empezado a dar a Moisés un nuevo rumbo. Fracasó que sí, pero de tal fracaso y quebrantamiento Dios lo iba a sacar adelante, pero durarían muchos años de purificación de su auto confianza.  

            B.  Por Esteban Dios nos da poder ver cómo él trataba a Moisés Hechos 7:17-29.  Lo maravilloso es que tras los golpes y las decepciones que sufrimos, Dios está  logrando su propósito espiritual.  El relato de Éxodo nos da sólo lo visible, pero Esteban y luego el autor de Hebreos (11:23-28) nos dan la fidelidad de Dios moldeando a Moisés.  Nunca debemos juzgar a Dios por lo visto.  Lo visto no refleja por nada la meta final que tiene nuestro Señor.

            C.  Esteban nos abre la vida de los cuarenta años en el palacio de Faraón. Escribe: "Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras." (Hechos 7:22).  Tome nota de esto por que más adelante Moisés pondrá por pretexto que tartamudea (Ex. 4: 10,11).  Con tantos privilegios del palacio y el conocimiento de la política del palacio, Moisés debió haber agarrado el espíritu del mundo egipcio. Moisés debió haber sido saturado así de los medios del mundo.  En su fracaso rotundo al matar al egipcio, Moisés actuaba por el espíritu de este mundo. 

            Esteban nos da la motivación de Moisés en defender a sus hermanos. "Cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón visitar a sus hermanos, los hijos de Israel ... pero pensaba en su corazón que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; más no lo habían entendido" (7:23, 25). Es evidente que la motivación de Moisés era buena y, hasta sincera, pero él actuaba independiente de Dios tanto de su tiempo («kairos» griego - ocasión única) como de su modo espiritual, es decir, por medios espirituales y no carnales. 

Dios no puede aceptar nuestro servicio, aun hecho en su bendito nombre, si  todo no procede de él en todo sentido.  Por eso Pablo dice en Romanos 8, el capítulo de la victoria: "Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios: porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios" (8: 7,8).

            Esto nos parece muy exigente de parte de Dios. Pero sólo él puede hacer su obra. No permite que ningún ser humano, por sincero que sea, ponga la mano en su plan de liberación. ¡Qué lección  tan fuerte y a la vez tan práctica!  Hace tantos años que recuerdo lo que leí escrito por Stuart Holden: "La voluntad de Dios queda inseparable de su tiempo."  Moisés pensó: "ya puedo hacer la obra; los hermanos me van a recibir por ser del palacio y me hago su gran defensor." Pero ¡qué error! Sobre esta base de orgullo y auto confianza Moisés tuvo que fracasar ¿Cómo habría  salido Moisés, si hubiera triunfado en este primer encuentro.  Dios mismo habría salido por demás. "No desecho  la gracia de Dios, pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" dice Pablo (Gal. 2:21).  La carne invalida la obra de Dios. Por eso Pablo dice; "Con Cristo he sido juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en  mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal. 2:20).  Regresemos de nuevo a la Cruz. De ahí parte la obra de Dios que resulta en victoria ya que la obra y la gloria pertenecen sólo y siempre a Él.

Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande 
www.riogrande.edu
14 de diciembre de 2005