Home

La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

Abraham

Jacob

José

Moisés

SAÚL, JONATÁN and David

Job

English


Spanish

About Us

Links

RETOS DESDE LA CRUZ

Los triunfos de la gracia en la vida de Moisés  (6)

El líder frente a los desafíos de la voluntad de Dios (c)

Éxodo 33; Números 16 y 20:1-13

G. Ernesto Johnson

Instituto Bíblico Río Grande

Introducción

En este último estudio del triunfo de la gracia en la vida de Moisés, escojo tres momentos críticos en la trayectoria del gran caudillo Moisés.  Dos son muy favorables y uno es bien triste.  Lo más triste es que el último es el más triste. Sin embargo, la gracia de Dios triunfa y Moisés viene siendo un tipo de Cristo mismo (Deut. 15: 15, 18) y en el Monte de la Transfiguración Moisés y Elías son los privilegiados de hablar del otro gran éxodo, el del Calvario (Lucas 9:28-36).

Ningún líder nace sino es hecho por Dios a través de la prueba, la obediencia, la fidelidad, todo en el crisol del padecimiento.  Debe compartir con Cristo el koinonía o el compañerismo de sus padecimientos  (Fil. 3:10).  No hay ninguna vía corta rumbo a la madurez y la santidad.  Todo camino pasa por la vía dolorosa, la cruz.  En todos estudios presento otra vez esa verdad que ha sido mi tesis tanto en la vida como en el ministerio.  Con razón Pablo dijo: "pero lejos de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión (mérito) vale nada, ni la incircuncisión (demérito), sino una nueva creación" (Gál. 6:14,15).

1.         La Presencia de Dios es imprescindible en la obra de Dios   Éx. 33

A.   El fracaso del becerro de oro perjudicó casi irremediablemente el futuro de Israel.  No cabía duda de que el pecado de Aarón y la idolatría de Israel pusieron en tela de duda la aceptación de Israel ante Dios. Dios mismo dijo: "anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto . . . y yo enviaré delante de ti el ángel y echaré fuera al cananeo . . . pero no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que consuma en el camino" (Éx. 33:1, 2, 3).  Éstas eran palabras muy serias. Cuando Dios dice "el pueblo que sacaste y no subiré en medio de ti," ya no hay remedio.  Esto puede medir el peligro a que Israel hizo frente.  Pero en medio de esto Moisés como líder capacitado por Dios se ponía en la brecha.  "Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé" (Ez. 22:30).  Tal es el valor del líder equipado por Dios. Tal fue Moisés.

            B.   En el momento de crisis, Dios demanda el arrepentimiento y Moisés cooperó.   Dios repitió su rechazo rotundo de acompañar a tal pueblo tan idólatra, pero dio la orden a través de Moisés: "Vosotros sois un pueblo de dura cerviz; en el momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer." (33:5). Moisés tomó la decisión de mover el tabernáculo, símbolo de la presencia de Dios y lo puso fuera del campamento, dando noticias así que Dios no estaba con ellos. ¡Qué  diferente es la misma frase en Hebreos: "Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio" (Heb.13:13). Luego ante el pueblo, Moisés salió fuera del campamento a la tienda de reunión – un nuevo nombre dado al tabernáculo.  Todo el pueblo quedaba en expectativa al hecho de que Moisés iba a entrar en el tabernáculo para confrontar a Dios. La pregunta clave sería: ¿correría Moisés el riesgo de perder la vida por ellos? ¿Qué haría Dios con él en base de su pecado? (33: 7, 8).

            C.  El diálogo asombroso de Dios con Moisés 33:9-17   En toda la Biblia hay pocas ocasiones cuando un hombre entabla diálogo con Dios en semejante situación tan crítica.  Abraham lo hizo en Gen. 18 a favor de Lot.  Pero ahora tanto quedaba en la balanza el futuro de Israel y el pacto con los padres. Una nube, simbolizando la presencia de Dios, estaba en frente del tabernáculo y todo el pueblo adoraba (33:10).

"Y hablaba a Moisés Jehová cara a cara, como habla cualquiera a su compañero." Lo que sigue nos deja pasmados.  Moisés como un líder tanto humilde como también confiado en Jehová se dirigió de manera directa al Señor: "Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; Tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. Ahora pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo" (33:12, 13). Todo esto casi parece irreverente y desafiante ante Dios. Pero Moisés recuerda a Dios que sus propias promesas bastan y que no puede negarse a sí mismo. Suena como Pablo,  "Si fuéremos infieles, él permanece fiel, Él no puede negarse a sí mismo" (2 Tim. 2:13).

Esto es estar "en la brecha" por el pueblo rebelde; éste es un líder en plena comunión con Dios, siendo sacerdote en interceder por el pueblo a pesar de sus males. Es conocer a Dios y su misericordia en tales situaciones.  Esto realmente es el ministerio intercesora de Cristo, nuestro sumo sacerdote quien intercede a favor nuestro en el cielo. "Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía . . . ." (Heb. 7: 25, 26). "Mira esta gente es tu pueblo" (33:13). No es imprudente decirle a Dios la verdad como les había dicho en Sinaí: "Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Éstas son las palabras que dirás a los hijos de Israel" (Éx. 19: 5, 6). Ésta es la confianza del profeta mesiánico de Deuteronomio 18:18.

D.      Dios concede a Moisés, pero siempre bajo sus propias condiciones  33:14-17

¿Cómo responde Dios a su siervo?  Resuelta está la situación crítica, Dios "se arrepiente"  frente a tal fe y atrevimiento espiritual.  Tal es el corazón de gracia de Dios a pesar de la infidelidad de los suyos.  "Mi presencia  irá contigo, y te daré descanso" (33:14). Su presencia es imprescindible y Moisés la sabía muy bien porque responde: "si tu presencia no ha de ira conmigo, no nos saques de aquí" (33:15). El líder espiritual sabe que no es cuestión de su tarea, ni talentos ni esfuerzo humano; la obra de Dios requiere sola y exclusivamente la presencia y la aprobación de Dios. La energía de la carne por buena que aparezca ni sirve ni servirá jamás.

            Moisés reconoce que es Jehová solo entre su pueblo y delante de su pueblo pero bajo la condición de que "seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra" (33:16). Jehová asegura a Moisés que ha hallado gracia antes sus ojos y restaurará a su pueblo.  Pero la santidad es el requisito número uno del pueblo de Jehová.

            E.  Moisés pide un favor más; que pudiera ver su gloria, su faz  33:18-23.  Dios no pudo concederle este último favor por que el finito no puede ver al infinito y vivir (Juan 1:18).  Pero Dios reitera la verdad que sobresale en todo esto: "Proclamaré el nombre  -- su carácter – de delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente" (33:19).  En todo esto Dios no iba a comprometer su carácter sobre ninguna base sino la de la santidad y de acuerdo con el nombre de quien es el Yo Soy.  Moisés vio la gracia infinita de Jehová a pesar del pecado de Israel, pero fue Moisés en el momento crítico que influyó en Jehová, quien reafirmó su presencia indispensable para el futuro de su pueblo.

Moisés fue siervo fiel en todo. "Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo (mayordomo) para testimonio de lo que se iba de decir;  pero Cristo como hijo sobre la casa somos nosotros, si tenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza." (Heb. 3:5,6). ¡Qué honor oír el nombre de Moisés en el mismo contexto de Cristo! No hay honor mayor. ¡Un verdadero líder, Dios nos conceda más de ellos!

11.       Desde la presencia de Dios hasta la crítica de un puño de hombres, la suerte del líder, la rebelión de Coré  Números 16

A.      El líder debe esperar la reacción de la carne que viene tarde o temprano. Núm. 16:1-3

Después de las dos pruebas duras, la de María y Aarón y la crítica del matrimonio

de Moisés (Núm. 12) y el desastre de los 12 espías y su incredulidad y el juicio divino de 38 años de vagar en el desierto (Ním. 13,14), Moisés hizo frente a otro problemón en Números 16, el motín de Coré, Datán, Abiram y On (Num. 16:1). Las cosas iban de mal en peor.  La incredulidad y la rebelión  tomaron fuerza en forma de una sublevación muy hostil en contra de Moisés y Aarón. Éstos cuatro, mayormente Coré, y los doscientos líderes del pueblo mobilizaron a Israel contra el liderazgo de Moisés.  Parece que Coré, el promotor de la envidia religiosa, quería tomar el lugar de Aarón como el sumo sacerdote. No quedaba contento con ser levita con dichos privilegios de ministrar en pro del tabernáculo.  La motivación era simplemente la envidia, los celos religiosos, el orgullo "espiritual."       

Semejante problema ocurre en muchas iglesias y a veces en nuestro corazón. "Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová" (Núm. 16:3)?  Ahora no pudo haber otra cosa que una confrontación alarmante.  Moisés se dio cuenta de lo serio de la situación.  No se va a resolver con un comité ad hoc, por algún diálogo, con una sesión de la consejería, mucho menos con los medios psicológicos.  La raíz es la carnalidad que sólo Dios podría tratar y juzgarla.  ¡Cuántas divisiones en la iglesia hoy brotan de esta actitud de los celos carnales.  En Corinto Pablo observó lo mismo: "Porque sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" (1 Cor. 3: 3).

B.      El líder debe dejar que Dios intervenga y trate de la carnalidad  16:4-7

Moisés desafió a Coré, el cabecilla de esta huelga, exigiéndole que él y los suyos se presentaran ante Dios con los incensarios. Los incensarios simbolizaban la manera de orar que Dios respondiese a su modo. Además Moisés tenía el discernimiento de hacer unas preguntas retóricas descubriendo así sus móviles: "¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él para que ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante de la congregación para ministrarles?  . . . ¿Procuráis también el sacerdocio" (16:9,10). Los celos nunca quedan satisfechos. La carne se levanta contra la autoridad de Dios.  Luego Moisés les dijo rotundamente que no se quejaron contra sus líderes puestos por Dios, sino contra Dios mismo. Tal es el análisis final (16:11). Como buen líder Moisés llamó a los demás líderes carnales,  menos On, quien no quedó mencionado más – influido por los otros. Siempre hay los débiles que siguen a los cabecillas.  Moisés los quería apaciguar si fuese posible la situación ya que Coré era el culpable.  Pero los dos no quisieron venir, pero insistieron en el mismo modo de ataque (16:13.14).  Moisés se enojó, pero lo más importante, se enojó Dios mismo.

            C.  Dios actuó con ira pero con rectitud. Num. 16:16-33  Moisés les dio un ultimátum que se presentaran mañana ante Jehová para que él decidiera (16:16). Cada uno con su incensario se presentaron y la gloria de Dios apareció a toda la congregación. Dios dijo: "apartaos de entre esta congregación, y los consumiré en un momento" (16:21).  Una vez más Moisés actuó como intercesor e imploró a Dios que no se enojara contra toda la congregación. El líder se identificó con su pueblo, aun los quejosos. Moisés reconoció que era el orgullo de unos líderes que causaron este motín.  Dios lo escuchó y sólo dio la orden de que la congregación no se juntara con este séquito porque iba a vengarse de ellos y apoyar el liderazgo de Moisés, el llamado de Dios.

            Moisés con la confianza de la defensa de Dios y con un espíritu reconciliador para con los demás dijo: "En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad. Si como mueren todos los hombres mueren éstos . . . .Mas si Jehová hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová. . . . . Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombre de Coré, y a todos sus bienes" (16: 28, 29, 30, 32). ¡Qué tremenda lección!  Dios odia la envidia religiosa y la juzgará como juzgó a Ananías y Safira en el Nuevo Testamento (Hechos 5: 1- 11).  Una vez más Moisés intercedió por ellos e hizo cesar la mortandad que resultó del motín y las siguientes quejas ((16:41, 46-50).

C.     Ocho lecciones para el líder en semejante situación.

1.  No se debe sorprender que pasen reacciones carnales. Hay más Coré hoy día que buscan puesto y nombre. El orgullo penetra hasta los siervos de Dios. Núm.16: 3,8.10, 22.    

2.  Moisés trató de razonar con Coré para resolver la situación, pero la carne no responde al consejo (16:12-14; Rom. 8:5-8).

3.  Moisés no se defiende ante el pueblo. No se justifica ni abusa de su autoridad (16:15).

4.  Moisés desafía al séquito por el uso del incensario, símbolo de la oración (16:7,17).

5.  Moisés advirtió a los demás que no se acercasen a los de Coré para no ser juzgados los menos culpables (16:26, 27).

6.  Moisés deja que Dios tome cartas en la situación. Guarda su propio corazón (16:22).

7.  Moisés hace expiación por los demás en el espíritu del Cristo, el mediador (16:46-50).

8.  Quienes siembran a la carne segarán corrupción, quienes siembran al Espíritu segarán la vida eterna (Gal. 6:7, 8).

1V.       El gran caudillo tropezó en el momento inoportuno  Números 20:1-13

            A.   Al final de la jornada el pueblo todavía andaba quejándose  Núm. 20:1-5  Las lecciones no se aprenden automáticamente nunca. La vida cristiana requiere la disciplina en todo momento. Moisés iba a aprender esta lección a gran costo suyo. Casi podemos simpatizarnos con  el pobre Moisés. Ya al final de los 38 años, no había mejorado por nada la actitud de esta generación moribunda.  Moisés nos relata que allí murió María y no había agua ( 2-:1,2). Como de costumbre ser reunían contra Moisés y Aarón. "Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestro hermanos delante de Jehová. ¿Por qué hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni de granadas; ni aun de agua para beber" (20:3-5).  Ésta es la vieja letanía que se oía desde su salida de Egipto.  La carne nunca cambia ni puede cambiar. La carne sólo busca lo suyo y se opone a Dios. "Por cuando los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco  pueden" (Rom. 8: 7).  Sólo la muerte de Cristo en la cruz puede remediar las actitudes de la carne nuestra. Con razón Moisés no podía más; esto le era muy cansado.

            B.   Dios como de costumbre viene a auxiliar a Moisés en el apuro Núm. 20: 6-8

En los frecuentes momentos en el pasado Moisés había acudido a Dios y nunca le falló.

En esta ocasión también la gloria de Jehová apareció sobre ellos. Y Jehová dio órdenes muy claras y de mucho significado teológico: "Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua y las sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias." (20:8).  Fíjese tan particular es Dios en tomar en cuenta las bestias, de las cuales se habían quejado tan fuertemente.

            C.  Moisés actuó precipitada y locamente en dicho momento 20: 9-11.  Moisés había estado en esta situación en Masah y Meribah al empezar la salida para la Tierra Prometida hace unos 38 años.  Tomó por sentado que él podría actuar confiadamente en base de su experiencia, la primera vez que cuando Dios suplió aguas por el solo golpe (Éx. 17:1-7). En esa ocasión un solo golpe de la vara de Dios bastó para producir las aguas.  Moisés hizo mal en tomar en sus propias manos y actuar en el momento de enojo y de molestia personal.  Sus palabras agitadas expusieron su mal delante de todo el pueblo y delante de la peña: "¡Oid ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? (20:10)  Note que dijo: "Os hemos de hacer salir aguas de esta peña" como si fuera por su misma autoridad.  Un espíritu de independencia en base de sus pasados éxitos le dio esta falsa y orgullosa confianza en sí mismo.  El pueblo estaba mal por su incredulidad, pero Moisés estaba de igual manera mal por actuar por su propia cuenta.  Dios no puede tolerar nunca la carnalidad en su pueblo ni tampoco en su líder divinamente llamado. "Yo Yehová; éste es mi  nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas" (Isa. 42:8).

            D.   Dios pronunció su dictamen -- Moisés no llevaría al pueblo a la Tierra Prometida 20:12.  Dios honró a Moisés ante el pueblo por dejar salir las aguas para el pueblo y las bestias a pesar de su desobediencia.  Pero no pudo exentar a su líder de las consecuencias de su enojo, auto confianza y actuación egocéntrica.  Dios no perdona el orgullo en nadie.  Moisés perdió el privilegio de completar su tarea.

El pecado de Moisés era múltiple: 1) orgullo pensando que podría hacer lo que le dio las ganas; 2). la impetuosidad en base de sus victorias pasadas; 3). un juicio exagerado de su pueblo y su liderazgo; 4). no obedecer a pie de la letra la orden de Jehová.  5).Pero había una razón teológica.  En el primer instante, Dios le había dicho que golpeara la peña, símbolo de Cristo golpeado en la cruz por los pecados del mundo.  Tal muerte sería para siempre jamás; nunca habría otra repetición como enseña el libro de los Hebreos (Heb. 10:12). Según Pablo en 1 Cor. 10: 4  "Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo."  Al pegar la roca la segunda vez Moisés prefiguró un concepto totalmente equivocado de la muerte de Cristo.  Por eso Jehová le había dicho con toda claridad: "Hablad a la peña" (20:8). Esto no lo pudo aguantar Dios. Cristo sufriría de una vez por todas.

Tal fue la seriedad del pecado de Moisés que Dios dio el paso de prohibir la entrada de quien había llamado a llevarla a cabo.  No fue nada ligero que el gran caudillo no terminara su jornada. Claro que Dios lo enterró y sólo lo permitió ver la Tierra Prometida desde lejos:

"Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga . . . y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan . . . Ésta es la tierra que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allá Moisés" (Det. 34:1, 4, 5). 

Para mí es triste que una paso falso pueda acortar el ministerio de un varón de Dios. Me da razón andar con sumo cuidado, no tomando nada por sentado en base de los muchos años de fiel servicio. Hace 57 años desde mi primer pastorado en Winnipeg, Canadá, mi cuidad natal, pero no cuenta si no termino bien.  Se oye este eco en  Pablo en su despedida a los ancianos de Éfeso: "Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida  para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio  del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24).  Dios nos libre de caer en la carnalidad y el pecado al final de la jornada.

G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande
4 de mayo de 2006