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La Obra de gracia en la vida de los santos del Antiguo Testamento

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RETOS DESDE LA CRUZ

EL PERFIL DEL LÍDER BÍBLICO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

TRES MODELOS --SAÚL, JONATÁN, DAVID

Dr. Ernesto Johnson

Diciembre 2003

Introducción

            Hace tiempo que no te escribo por motivo de un largo viaje al Canadá de 11.000 kilómetros en pro del seminario en septiembre y octubre. Vuelvo a dar clases en ambas escuelas, pero continúo con mi ministerio de ministrar a los ex alumnos y pastores a favor de su ánimo y ministerio bajo todo tipo de prueba y en toda oportunidad.  De nuevo mi motivación es la Cruz de Cristo. Te mando saludos en el nombre del Crucificado.

            Quiero bosquejar unos tres modelos del liderazgo del Antiguo Testamento bajo el escrutinio de Saúl, el triste fracaso, Jonatán, fiel al Hijo Mayor de David (Jesús) y leal hasta el fin y David, "varón conforme a mi corazón"(Hechos 13:22).

SAÚL, EL TRISTE FRACASO   1 Samuel 8-15

           

            Desde el promulgar de la ley de Moisés, Israel vivía bajo una teocracia.  Jehová era como padre e Israel "su hijo, su primogénito" (Ex. 4:22),  Además Jehová había dicho: "Vosotros seréis mi especial tesoro, sobre todos los pueblos, porque mía es la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa" (Ex. 19:5,6). Bajo Moisés, Josué, los jueces hasta Samuel, el último juez, Israel vivía así en tal posición privilegiada. Pero en 1 Samuel 8:5 Israel iba a cruzar la línea de rebeldía. "Y le dijeron (a Samuel): He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos: por tanto constitúyenos ahora un rey que nos juzgue como tienen todas las naciones." El primer paso para abajo: buscar y aceptar las normas de todas las naciones como los valores del pueblo de Dios.  Ésta es una tentación todavía bien fuerte hoy día.  Y Samuel oró a Dios  La respuesta de Jehová está bien clara:  " . . .Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos" (8:7). Sigue diciendo a Samuel: Ahora, pues, oye su voz, mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo lo tratará el rey que reinará sobre ellos."  Véase Deut. 17:14-21.  En estos versos Dios anticipa la tendencia inevitable hacia un rey  y profetiza contra el gran costo humano de seguir tal rumbo.

            Se debe decir que no había nada malo en el concepto del rey  según el plan divino porque el mismo Mesías iba a ser Rey de reyes y Señor de señores. Dios mismo iba hacia tal concepto teocrático que tomaría forma en la encarnación del Dios Hijo y la llegada del rey Jesús, estableciendo el reino espiritual de Dios en el evangelio (Marcos 1:14,15); se realizará tal reino en su plenitud en el milenio futuro.  Lo malo de Israel fue escoger a su propio rey según las normas del mundo y a su propio tiempo para ser como los demás países.  Dios no puede bendecir a largo plazo tal rebeldía y tarde o temprano el fracaso los alcanzará.  

Lo curioso es que Dios le diga a Samuel que les concedirá su petición, no porque les resulte en bien sino para enseñarles una lección muy profunda.  Dios quiere que aprendan que su propia petición les va a costar muy caramente. Así cualquier decisión carnal nuestra nos va a costar.  Dios puede permitir lo costoso nuestro sin que sea su voluntad original.  Él es soberano en permitir hasta lo malo nuestro, pero no quiere decir que apruebe lo que él mismo permite con tal fin de enseñarnos que la rebeldía nunca resulta. En la trayectoria histórica de los Israelitas en Salmo 106: 15, Dios afirma este principio amenazador: Y él les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos."  Lo que empieza mal, terminará mal en peor.  Empezó mal lo del primer rey de Israel porque querían ser como las demás naciones.  Los valores mundanos no corresponden nunca a los valores del reino de Dios. Aprendamos esta lección. Y ni la oración nuestra ni la política carnal puede cambiar lo nuestro en lo de Dios.

¿En qué sentido es soberano Dios?

Tantas veces se oye que Dios es soberano, casi como si fuese una justificación de todo lo que pudiera pasar, no dándose cuenta que puede ser muy errónea una decisión carnal. Se dice que es la voluntad porque dicha cosa pasó.  En cierto caso algo reciente en la vida del seminario una decisión unánime después de mucha oración se reportaba como si fuera la decisión de Dios mismo cuando con el transcurso del tiempo fue una decisión trágica y devastadora.  Claro que Dios es soberana pero no todo lo que él permite pueda llevar a cabo su voluntad a corto plazo. Él tiene su plan y a largo plazo lo llevará a cabo (en ese sentido sí que es soberano) pero entre tanto somos responsables de obedecer su plan y no el nuestro. Se compromete por bendecir sólo su propio plan.

Como vamos a ver en la vida de Saúl, el primer rey de Israel, Dios era soberano en enseñarles la lección que sus propio escogimiento iba a resultar desastroso. No quisieron esperar el momento divino y el escogimiento de Dios (siendo el joven pastor de ovejas, David, el menos probable, 1 de Sam. 16:4-13).  Se lanzaron por su camino de rebeldía y Dios por algún tiempo parecía permitirlo a través de su gracia y misericordia nombrando y  aun bendiciendo a Saúl.

Empieza algo bueno el escoger del primer rey, Saúl

            Por una serie de incidentes interesantes Dios actúa a favor de hallar y nombrar a Saúl.  Veámoslos: Dios le informa a Samuel de la familia humilde de Cis, cuyo hijo, Saúl era joven, hermoso. "Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo" (1 Sam. 9:1,2).  Su padre le despachó con su criado a buscar las asnas.  En camino Saúl ignoraba donde vivía Samuel, pero su criado le informó del vidente (5-7); Saúl al verlo no lo reconoció: "Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente" (18).  Samuel le dijo: Lo soy (19).

Por el lado de Dios  en la noche anterior Dios apareció a Samuel para informarle que el día siguiente vendría "un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos, por cuanto su clamor la llegado hasta mí" (15,16).  Allí mismo después del sacrificio Samuel le dio a Saúl la sorprendente preferencia en la mesa (16).  Además Samuel le informó que ya se le halló las asnas y con estas palabras no entendidas Samuel le dijo: "Mas ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?  Ante las cuales dijo Saúl: ¿No soy yo hijo de Benjamín--la menor tribu--de la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues me has dicho cosa semejante?  El día siguiente Samuel lo ungió y lo besó: "¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel?" (10:1)  Con este principio alentador todo parecía  bien, pero el mero hecho de ser Saúl de la tribu de Benjamín indicó plenamente que no sería el rey escogido por Dios porque no era de la tribu de Judá. Pero a lo menos Saúl empezó con cierta humildad o baja estima propia.

Después de esto habría otras señales de la presencia de Dios a su favor: el encuentro de dos hombres enviados por su padre con respecto a las asnas (10:2) luego tres hombres con una serie de tres cosas --no pudiera ser una casualidad--(3,4), la llegada de unos profetas y que hasta Saúl profetizaría. La culminación de todo: "Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos y serás mudado en otro hombre. Y cuando te haya sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo" (6-8).  "Aconteció luego, que al volver él la espalda para apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales les acontecieron en aquel día" (9) 

 Dios bendice a Saúl en pura gracia y responde él

En todo esto vemos la misericordia de Dios. Aun cuando no pudo bendecir a largo plazo la decisión orgullosa y mundana el pueblo no los  abandonó.  Ésta es una lección sobria para nosotros.  La bendición de Dios no es siempre evidencia de su aprobación.  Él protege y mantiene su obra por su nombre a pesar de los errores nuestros. La provisión divina puede ser otra evidencia de su gracia y paciencia ante nuestra carnalidad.

Lo que pasó a Saúl en términos del Antiguo Testamento se aproxima mucho a la regeneración en el Nuevo Testamento  " Serás mudado en otro hombre" "Dios le mudó su corazón."  Por eso creo que podemos afirmar la salvación de Saúl aun en términos veterotestamentarios. Puede haber otra interpretación, pero no se puede negar la intervención directa de Dios en la vida de Saúl.  Dios en gracia pone su parte, aun sabiendo lo malo por parte del pueblo en desechar el reinado de Jehová.  En cambio por su parte Saúl no fue partícipe en aquello. Dios haría con él lo que pudiera.  A ver como resultaría Saúl.

Lo que sigue en 1 Samuel 10-14 es pura esperanza de un buen fin. "Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo"( 1 Sam.15: 52).       

La caída de un líder exitoso   Advertencias por tomar en cuenta 1 Samuel 15-31

            Es imposible trazar el decaimiento que toma lugar en un líder que cae. No cabe duda debe ser lento e imperceptible de afuera.  Sin embargo siempre hay causas profundas antes de verse las tristes consecuencias. En el caso de Saúl sin duda su éxito contra los filisteos, el enemigo perenne de Israel, le dejó con un concepto de sí como uno invulnerable. El éxito tiende hacia el orgullo y el concepto demasiado alto de uno mismo. Con razón dice Pablo después de haber reto al creyente a una entrega total (Rom.12:1):  "Digo, pues, por la gracia que me es dada a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno" (Rom. 12:3).

            No cabe duda de que no hay tentación más sutil, más difícil de resistir que la soberbia.  Contagió a Satanás, "tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado en hermosura." (Ez. 28:12).  En turno contagió a nuestros primeros padres y así sucesivamente a cada uno de nosotros. El único remedio es la Cruz, muerto al pecado y resucitado en Cristo Jesús, Romanos 6:6. (Estudio continuará  en quince días)